Tendría para aquel entonces unos ocho o nueve años, recuerdo estar totalmente mojado, la lluvia nos había sorprendido regresando a casa después de jugar en el parque aquel domingo por la tarde, mi abuelo y yo habíamos ido solos esta vez.

Recuerdo estar cansado, agotado, las piernas no me respondían muy bien después de correr tanto, sólo quería llegar a casa y cambiarme; mi abuelo quien era ya un señor mayor y con quien vivíamos mi abuela, mi madre y mis dos hermanos, con mucha frecuencia me retaba, su forma de enseñarme era ordenándome a hacer ejercicio, saltar, trepar, me decía que hiciera cosas que en aquel entonces me parecían imposibles, pero él sabía yo podía hacerlas y aquella tarde no iba a ser la excepción. La lluvia nos golpeaba el cuerpo, sin embargo, él parecía tranquilo, estábamos caminando y riéndonos, realmente yo estaba sorprendido de su actitud, esperaba de su parte correr o aguardar en un lugar seco mientras escampaba; de pronto nos encontramos con un hoyo, un hueco en el piso de aquella acera de Caracas que nos impedía pasar; yo pensé que él me ayudaría a cruzar tomándome de sus brazos o bien cruzando la calle para simplemente irnos por otro lugar en caso de no poder sostenerme, él simplemente me dijo: “salta”, a lo que yo argumenté: “abuelo es muy largo y profundo, no puedo”; él insistió y dijo que si podía, a lo que yo repetí: “no puedo”, él empezó a molestarse, a alzar su voz y ya más que una sugerencia era una orden: “salta”, me decía, “tu si puedes”, yo empecé a llorar y recuerdo haberme paralizado por unos instantes.Para muchos tal vez, la perspectiva puede ser la de un abuelo duro, ¿por qué no simplemente ayudó al niño a cruzar?, sin embargo, pienso que él tenía sus razones, escuchar aquel “si puedes”, me ha sacado adelante más de una vez; no niego, han sido muchas veces las que he dudado de mí capacidad, pero siempre encuentro, a veces más tarde que temprano, esas palabras en mi corazón, “si puedo”.

Me encantan las películas de Rocky, todas ellas, pero “Rocky Balboa”, es decir “Rocky 6”, (si, no te sorprendas, aunque no lo creas hay seis de ellas), tiene un mensaje invaluable para mí, la historia cuenta, que Rocky, un boxeador ya retirado, siente la profunda necesidad de pelear de nuevo en el ring. Algo le falta en su interior, ya no había brillo en sus ojos y el retiro no es de su agrado;  se siente seco es decir su pasión es pelear y no puede creer que esos años de gloria no volverán; a esto se le suma la pérdida de su amada esposa quien muere de cáncer y un hijo al que no ve mucho porque siempre está ocupado. Rocky está demasiado viejo para volver a intentarlo, pero una llama se enciende en su interior o como él lo describía: “una bestia dentro de su ser que desea salir”, lo lleva entonces a renovar su licencia de boxeador. Después de muchos problemas jurídicos logra conseguir su permiso para boxear, para vivir de nuevo, pero lo que Rocky no esperaba era la oportunidad que se le presentó para pelear por el título de peso pesado, la mayor de las peleas para cualquier boxeador; él ya había conseguido ser campeón en su juventud pero a su edad era literalmente imposible, el actual campeón era obviamente mucho más joven por lo que Rocky dudó y quiso rechazar la oferta pero, al final motivado por esa bestia en su interior accedió.


La prensa y los expertos predestinaban una masacre contra Rocky, un espectáculo más que una pelea real, fue entonces cuando su hijo decidió hablar con él. En la conversación el joven se mostraba molesto con su padre por la pelea ya que,  a su parecer era algo sumamente tonto. Creía que su padre iba a ser humillado y mofado por todos y por ende también él. Argumentaba que todo lo que había conseguido en la vida era gracias a tener el apellido “Balboa”, el de su padre, y que por primera vez estaba consiguiendo algo en su trabajo por él mismo, pero que después de la pelea toda su imagen se ensuciaría y quedarían todos en ridículo. Rocky al ver  a su hijo herido alega que su intención no es hacerle daño pero este  lo confronta y le pregunta que si cree es justo que se burlen de ellos, que si no le importa lo que piensen las personas. Es entonces cuando Rocky  responde de la forma en que a mi parecer Dios responde ante nuestras quejas, excusas y justificaciones. Aquí te presento lo que dijo:
Rocky:

“No vas a creer esto pero cabías aquí, (señalando la palma de su mano), te levantaba y le decía a tu madre: este niño va a ser el mejor hijo del mundo, este niño será mejor que cualquier persona. Y creciste siendo un maravilloso niño, era genial verte todos los días, cada día era un privilegio. Cuando llegó el momento de que fueras un hombre y te enfrentaras al mundo lo hiciste, pero, en algún momento, cambiaste, dejaste de ser tú, dejaste que las personas te señalaran y dijeran que no eras útil, cuando se volvió duro, empezaste a buscar a quien culpar, como a una sombra. Te diré algo que ya sabes: el mundo no es un arcoíris y nubes rosas, es un mundo malo y salvaje, es detestable y no importa que tan rudo seas, te pondrá de rodillas y te dejará así permanentemente si lo dejas. Ni tú, ni yo, ni nadie golpea tan duro como la vida pero no importa que tan duro lo hagas, no importa que tan fuerte golpees, importa lo mucho que resistas y sigas avanzando, importa lo mucho que te puedan golpear sin que te doblegues y sigas avanzando, ¡así es como se gana!. Si sabes cuánto vales sal a buscar lo que mereces, exígelo, pero debes ir dispuesto a que te den golpes, debes absorber los golpes, y no a culpar a otros y decir: no soy lo que quiero ser por él o ella o por nadie, los cobardes lo hacen y tú no eres un cobarde, tú estás por encima de eso, tú eres mejor hijo. Siempre te amaré sin importar nada, sin importar lo que pase, eres mi hijo, sangre de mi sangre hueso de mis huesos, eres lo mejor de mi vida pero hasta que empieces a tener fe en ti, no tendrás una vida”.

Es fácil que culpes a muchos por tu situación actual, de hecho en el desánimo general en el que vive hoy nuestro país pareciera ser justificable atribuirle a los demás las causas de nuestros fracasos pero tal y como leíste: los cobardes hacen eso y tú no eres un cobarde, tu vales más. Recuerdo que  aquella tarde lluviosa logré saltar y cruzar el hoyo, entendiendo hoy que no siempre Dios me cargará, a veces él desea que logre ver lo que hay dentro de mí y para eso necesito absorber los golpes, es allí donde es medida la verdadera fuerza.

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