Un fariseo herido. Escrito Nº51.

En la época de Jesús los fariseos eran personas que pertenecían al grupo religioso de los judíos, se caracterizaban por escudriñar escrupulosamente las ordenanzas de la ley y entre ellos se encontraba el sumo sacerdote que era el representante máximo del judaísmo. Fueron criticados por Jesús en varias ocasiones pues se interesaban más en lo externo de los preceptos de esa ley judía que en la esencia y el corazón de la misma.

 

Ahora bien, Jesús había venido a este mundo a enseñarnos que a través de él podemos encontrar gracia, (favor no merecido), contrario a lo que los fariseos enseñaban Jesús ofrecía perdón para con Dios a través de él mismo. Es sorprendente que muchos admiren a Jesús sólo como un gran pensador o un gran líder, cuando lo que define a Jesús es el hecho de que él se proclamaba públicamente el hijo de Dios; él fue crucificado por decir a plena luz del día que él era Dios hecho carne, el enviado, el Mesías; he allí el punto crucial de su transcurrir en la tierra. Jesús podía perdonar pecados y salvar porque era uno con el Padre; pero para los fariseos esto no podía ser puesto que la salvación y el perdón de pecados solo podían ser obtenidos a través de sacrificios y esfuerzos humanos, además ellos esperaban un Mesías distinto, uno que los librara del yugo romano, uno con riqueza, mientras que el humilde Jesús de Belén se enfocó en el corazón; él vino a morir para hacernos libre del yugo espiritual. Así que Jesús fue un portador de gracia, él se rodeó de prostitutas, malhechores, ladrones y les ofrecía salvación, esto para los fariseos era simplemente una gran herejía.

Del mismo modo que en la historia del hijo pródigo, los fariseos representan al hijo mayor, aquel que no pudo aceptar que su Padre perdonara a su hermano menor y le devolviera todo lo que había perdido por su desobediencia. Si nos fijamos en la historia el hijo mayor tal vez sea un hijo herido, uno que está lejos del Padre y que anhela poder recibir su perdón y aceptación través de su esfuerzo y su constancia, pero en su afán se aleja cada vez más. Es por eso que cuando el Padre recibe al hijo menor después de haber desobedecido, el mayor se llena de indignación y no puede aceptar la gracia porque para él es necesario ganarse el favor.

Un fariseo es entonces alguien herido, alguien que desea y anhela hacer todo bien para agradar a los demás, lleno de dolor y rencor, posiblemente debido a un pasado oscuro, busca desesperadamente aprobación en los demás a través de sus propios hechos y actos escondiendo al mismo tiempo quien es en realidad por miedo a ser rechazado.

Todos en algún momento hemos sido fariseos, yo en su momento deseé agradar a Dios a través de lo que hacia, hasta que escuché su voz decir: -No hay nada bueno que puedas hacer como para que yo te ame más, ni nada malo como para que te ame menos, simplemente te amo porque eres mi hijo-. Sólo cuando entiendes esto puedes aceptar la gracia en ti y en los demás, sólo así podrás amar a otros como hermanos, sólo así vivirás para y por la gracia.

Fuente: http://marcosjcortes.tumblr.com/post/102812264674/un-fariseo-herido-escrito-n-51#102812264674

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