Soy Lucia Galipolly, tengo 27 años y soy mamá por primera vez.

Todo comenzó el día que abrí el resultado de la prueba de embarazo en aquel laboratorio para finalizar con la curiosidad que teníamos mi esposo y yo de un pequeño “retraso”.

Al leer “positivo” mis ojos se abrieron de par en par, una sonrisa a medias se dibujó en mi rostro producto de la incredulidad de saber si era cierto que dentro de mi había una pequeñita persona en crecimiento. Llamé por teléfono a mi esposo y le dije, aún impactada “Es positivo, estamos embarazados”, al igual que yo ¡Él no lo podía creer! Así comenzó esta larga travesía, cuando supimos, Lucas solo tenía 4 semanas de vida. Vivimos casi desde cero el conteo de 40 semanas (ahora vamos por la 36). Cada situación era nueva, cada semana aprendíamos algo diferente con respecto al crecimiento del ser humano dentro del vientre materno. Supimos cuando era sólo un pequeñísimo círculo implantado en mi útero y como luego comenzaba a tener extremidades, órganos internos, huesos, piel, y lo demás. Nuestro hijo primogénito es varón, lo supimos muy temprano en la semana 13, ahí en esa consulta también aprendimos que la ciencia médica es capaz de detectar cualquier anomalía o defecto genético del bebé.

Nos alegrábamos cuando cada una de las diferentes posibles mal formaciones fueron descartadas y entendimos la grandeza del Poder de Dios actuando en mi vientre para formar cada parte de Lucas perfectamente. Otra de las experiencias más significativas de este proceso fue el día que lo sentí por primera vez moverse dentro de mí. Fue un movimiento rápido como el pase de la corriente, eso cambió por completo mi idea de estar embarazada. Luego con el pasar de los días esos movimientos se hicieron más evidentes al punto de que Lucas puede darle otras formas a mi panza cuando mueve sus brazos o piernas. Eso hizo que fuera más real para mí el hecho de que él estuviese ahí dentro. Hablarle, cantarle y colocarle música ya no era tan descabellado, él respondía con sus movimientos y nosotros nos enamorábamos cada vez más de su existencia. Hoy, en la semana 36 (exactamente 9 meses de vida de Lucas) aún no hemos visto su carita.

Estamos esperando ansiosos el día que lleguen los dolores de parto para conocerlo y rogamos a Dios que me de las fuerzas necesarias para traerlo al mundo. Pedimos también sabiduría para criarlo y enseñarle las cosas más valiosas que cualquier ser humano pueda aprender: Amar a Dios por sobre todas las cosas y amar al prójimo como a él mismo. Estamos seguros que Lucas transformará nuestras vidas para siempre, lo sabemos porque el sólo hecho de preparar el lugar donde va a dormir, la ropa que le vamos a poner, las cosas que necesitamos para atenderlo en sus primeros meses de vida, sabemos que ya nada será igual, que estaremos a cargo de una persona para quien somos todo lo que él tiene para sobrevivir en un mundo totalmente desconocido. Entendemos la inmensa responsabilidad que tenemos de parte de Dios, que Lucas es un préstamo que nos ha confiado y de quien daremos cuenta al dador de la vida. Gracias a Dios por el don de la vida, gracias por la maravillosa experiencia de poder materializar nuestro amor en un pequeño niño. Gracias a Dios por Lucas.



Lucia Galipolly

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