Se pudiera usar alguna de estas dos estaciones para examinar cómo es tu condición delante de Dios en este momento.

Sabemos que en otoño es cuando las hojas van cayendo de los árboles, y en Isaías 64:6 nos habla de la condición en la que la persona se encuentra cuando está sin Cristo en su vida. Dentro de esa condición está la que aquí denominaremos “otoño” o caído como la hoja, esto es, separado o como lo expresa Romanos 3:23 “estar destituido de la gloria de Dios”. Según este pasaje de Romanos, es el pecado lo que no te permite estar en la gloria del Padre y es una condición general, así lo dice la última parte del verso 22 “porque no hay diferencia” todos somos pecadores.

David, considerado un hombre conforme al corazón de Dios, cuando pecó sintió que había dejado de disfrutar la gloria de Dios, de estar en su presencia a través del Espíritu, dijo: “no me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu” Salmos 51:11. Esto ocurre cuando no tenemos en cuenta a Dios y su Palabra en nuestras acciones, pensamientos y sentimientos. En Samuel 12:9 nos damos cuenta cómo David “tuvo en poco la palabra de Jehová” y cometió aquel pecado contra Urias, sólo pensaba en el beneficio material que tendría y muchas veces somos así, no pensamos en la consecuencia de nuestro pecado, y a demás como dice Romanos 1:32 nos complacemos con los que lo practican. En esta condición no se puede estar en la presencia de Dios.

Al estar en “otoño”, caído como la hoja, no se disfruta del gozo de la salvación, esta era otra condición de David en su pecado (Salmos 51:12), si no se está pegado a la fuente de eterna salvación, ¿cómo podrás disfrutar del gozo que da Dios en su salvación? Mientras la hoja esta en el árbol, es verde, tiene vida, pero cuando no está recibiendo los nutrientes del árbol, se marchita y se cae.

Isaías 64:7 dice “nos dejaste marchitar en el poder de nuestras maldades” ¿por qué pasa esto?

  1. Por no invocar su nombre. Cuando buscamos perdón, salvación o soluciones en otras cosas o personas. Dice Joel 2:32(a) “el que invocare el nombre del Señor será salvo”, es decir, el que no lo haga no lo será y se marchitará en su pecado
  2. Por no apoyarse en él. Es obvio que si no tienes en cuenta la palabra de Dios y su voluntad, no te apoyas en él sino que como dice Proverbios 3:5,7 te apoyas en tu propia prudencia y te crees sabio en tu propia opinión. La palabra de Dios te aconseja que te apoyes en Dios y no en tu propia opinión porque dice Génesis 6:5 que “todo designo de los pensamientos del corazón de ellos es de continuo al mal”. Por estas razones caemos de la presencia de Dios como la hoja marchita.

Por otro lado, para estar como “primavera”, necesitamos cumplir las características que Jesucristo expone en Juan 15:1-10; necesitas estar limpio de pecado reconociendo tu condición y aceptando que solo Dios puede salvarte a través de Jesucristo (Efesios 2:8-9); permanecer en Cristo apartándote del pecado (1 Juan 3:6); y guardar sus mandamientos para mostrar que le amamos (1 Juan 5:3). Si estas cumpliendo estas características, estás unido al árbol que te permitirá disfrutar de los nutrientes que de él brotan, florecerás como primavera y darás mucho fruto.

Sin importar el tiempo que tengas asistiendo a una iglesia o participando de un ministerio, si aún sientes que te estás marchitando en tus maldades, en cosas que no convienen, ya sea de pensamiento, palabra o hecho, aprópiate de lo que dice en 1Corintios 6:11, puedes ser lavado de tus pecados para estar limpio, santificado para apartarte del mal y no pecar mas y justificado por el Señor Jesucristo para tener paz con Dios, de esta forma poder estar en su presencia disfrutando del gozo de su salvación.

Entonces, ¿En qué estación esta tu vida, Otoño o Primavera? ¿En cuál quieres estar?, dile a Dios como el salmista “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. (Salmos 139:23-24).

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