(Fragmento Poemas de Dios -CAPÍTULO 11 La fruta prohibida - Autor Alex Campos)


Sales al mundo a averiguar, encuentras tus amigos, alguien más,
pronto la carrera va a empezar, te olvidas de las reglas de papá.
Piensas que nada irá a pasar, a tu meta quieres llegar, sales corriendo, quieres volar,
cuidado, maestro, no caigas mal.

Sales por la calle queriendo ser el primero, la avaricia te seduce, el orgullo te domina.
Entras a la disco, ves que alguien te seduce, una mirada,
una palabra, pronto estás en la cama. Una copa de tequila,
una copa de champaña, vez que todo te da vueltas, crees que tú no vales nada.

Poco a poco vas cayendo, las drogas te enloquecen. La fruta prohibida.
Tarde o temprano esto iría a pasar, camino fácil lleva a maldad,
hay una senda que te llevará, un poco estrecha esa es la verdad.

El mundo te da la espalda, ves caer la lluvia sobre
la ventana, una lágrima en tu cara, una voz que te acusa, ya no vales nada.
Pero hay alguien que te ama, que trae el sol a tu ventana,
que con sus manos seca las lágrimas de tu cara,
que con sus brazos te levanta de la nada.

Existen varias anécdotas muy especiales relacionadas con esta canción. Ella nació cuando escuché la historia de un joven que era hijo de un pastor, un chico que desde muy pequeño creció en la iglesia y veía de lejos un mundo ajeno, el que años más tarde quiso conocer y ver de cerca. Poco a poco se dejó seducir y decidió que solo por una ocasión probaría el pecado, así que se internó en la noche oscura, donde se embriagó y terminó en la habitación de un sucio motel, con una mujer a la cual no conocía y con la que tendría relaciones sexuales por primera vez. Después de vivir su gran noche de locura, a la mañana siguiente se levantó y comprobó que estaba solo. No podía casi recordar lo que había sucedido la noche anterior, pero de pronto observó desde la cama un mensaje escrito con lápiz labial en el espejo del baño. Se levantó y caminó lentamente hacia aquel espejo, cuando llegó, pudo leer una frase que decía: Bienvenido al mundo del SIDA. Tiempo después, este joven curioso falleció.

Hay un refrán que dice: «La curiosidad mató al gato». Del mismo modo, la curiosidad mató a este joven que solo quería probar una vez. En cierta ocasión escuché a alguien decir: «¡Si el pecado fuera algo muy feo, nadie pecaría!». Sin embargo, el pecado es algo que le gusta a nuestra carne. Mientras más prohibida sea una cosa, mayor atracción produce. ¿Por qué nos sentimos atraídos tan fácilmente por los deseos de la carne? ¿Por qué somos tan débiles cuando se presenta la tentación? La respuesta es simple: porque quitamos la mirada de Dios, porque perdemos nuestro enfoque en él. Resulta muy fácil ceder a los deseos de la carne cuando nuestra mirada se distrae. Poco a poco, sin darnos cuenta, cedemos terreno y hacemos el mal que no queremos, en lugar del bien que anhelamos. Jesús nos exhorta a velar y orar para que no caigamos en tentación.

¡Es tan cierta esta palabra! Cuando apartamos nuestros ojos del Señor, cuando dejamos de adorarlo, cuando dejamos de escuchar su voz y orar, caemos fácilmente en la seducción sutil de nuestros fantasmas y deseos. ¿Hacia dónde estás mirando? ¿Cuál es tu enfoque? ¿Es Dios tu principal anhelo? Consideremos por un momento la vida de Lot. Este hombre era sobrino de Abraham y decidió permanecer al lado de su tío, cumpliéndose el refrán que dice: «El que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija». Cuando Lot decidió caminar al lado de Abraham, su vida resultó bendecida en gran manera, y fue tanta la bendición sobre él que un día resultó necesario que se separaran, pues ya no había suficiente espacio para ambos.

Dándole Abraham a escoger a Lot el lugar que él prefiriera, este escogió la mejor tierra, el fértil valle del Jordán, muy cerca de la ciudad de Sodoma. Los hombres de esta ciudad eran malos y pecadores, pero aun así Lot poco a poco se fue acercando más, hasta que finalmente terminó viviendo en medio de ella. Nunca tuvo en cuenta las terribles consecuencias que esto podría tener sobre su familia. Resulta increíble comprobar que no siempre escoger lo mejor es lo más conveniente para nosotros en nuestro caminar. Lot escogió la tierra mejor y más fértil, pero a costa de vivir cerca y después en medio de personas perversas y corruptas.

Las consecuencias fueron catastróficas. Sucedieron cosas que ni en sus peores sueños Lot hubiera podido imaginar. Es imposible vivir en medio del pecado y que este no te afecte o contamine. Hay un dicho que dice: «Dime con quién andas y te diré quién eres». Si andas entre la miel, algo se te va a untar. Muchas veces hemos contemplado el pecado de lejos y sin darnos cuenta terminamos viviendo en medio de él. He escuchado acerca de personas que han iniciado una relación de noviazgo con alguien que no amaba a Dios de la misma manera, pero seguras de que podían convencer a su pareja de que compartiera su misma pasión por el Señor. Sin embargo, terminaron alejándose de lo que un día fue su llamado y su amor por Dios. No se trata de que uno caiga en el pecado en un instante, como quien cae en un hueco en medio de la calle. No. De forma habitual sucede lo que le ocurrió a Lot: enfocamos nuestra mirada en dirección a lo malo, contemplado de lejos lo que poco a poco se convierte en lo que terminamos haciendo.

Tarde o temprano esto iría a pasar, camino fácil lleva a maldad. Es inevitable perder nuestro andar por el buen camino cuando apartamos la mirada del Señor y vamos en dirección contraria a lo que Dios desea para nuestras vidas.

Lot perdió a su esposa, quien murió cuando escapaban de Sodoma. En medio de una borrachera, cometió incesto con sus hijas, dejándolas embarazadas y llegando a ser así el padre de Moab y Ben-ammi, de quienes descendieron los moabitas y los amonitas, ambos enemigos de los israelitas.

¿Dónde está puesta tu mirada? ¿Tus anhelos y sueños ponen en riesgo tu nivel de compromiso con Dios? No permitas que una semilla de curiosidad se convierta en tu fruta prohibida.
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