“No se debe criticar por criticar, lo que sería bajeza de espíritu y efecto del mal humor, pero se debe criticar para avanzar en el conocimiento y allanar sus caminos”  Jean Mabillon

Desde el estreno de la película venezolano-española “Libertador”, la impresión en los espectadores ha sido mixta. La mayoría de ellos, quedaron admirados por la calidad de producción de alto impacto visual. Una minoría, más cuidadosa, se halló entre sentimientos encontrados. La expectativa que traía consigo la película fue inversamente proporcional a la presentación de una historia distorsionada. El espectador, con el más básico conocimiento de la historia de Bolívar, se alarmó por la visión ficticia y manipulada de “Libertador”.
 
INTRODUCCIÓN
 
Se ha dicho que la ruina de los pueblos comienza por ser ignorantes de su propia memoria histórica. Y en lo concerniente al cine basado en historia, también se ha dicho que el género no es una clase ni un documental, que no está para instruir sino para entretener. Sin embargo, la credibilidad de la historia narrada tiene un papel importante en la forma de pensar de algún espectador.
 
El cine, es quizás, uno de los artes con más poder en el mundo moderno. En el llamado ‘Séptimo Arte’, los “guiones adaptados” han sido considerados uno de los géneros más complejos y polémicos. Se han filmado famosas películas con adaptaciones de libros, novelas, cuentos e historia. Esto trae consigo, como es natural, la crítica de los seguidores literarios. Lo mismo ha ocurrido con las adaptaciones acerca de algún suceso histórico, pero a diferencia de los primeros, no se trata de otra obra de ficción moldeable, ni una adaptación para seguidores de un autor. Las repercusiones en los espectadores son diferentes y la responsabilidad que trae consigo es completamente mayor. El impacto en un espectador es proporcional a su nivel educativo que, mientras más insuficiente sea, más estará expuesto a ser influenciado por la visión, fiable o no, de unos cuantos productores. Esto permite que las críticas a las películas basadas en la historia sean necesarias.
 
Mayormente, el filme histórico presenta obstáculos naturales en el campo de acción del cine, que a su vez, son superados con la herramienta de la ficción moderada. Reproducir un suceso poco conocido sin previa investigación, es peligroso, puesto que trae a la pantalla una ficción innecesaria. El espectador, desconocedor de estos episodios, tomará la interpretación fílmica como su libro de historia. Esto le permitirá debatir elocuentemente sobre aquél suceso, usando como referencia la película.
 
Un buen ejemplo de una película de historia llena de incógnitas en el guión, fue la película “Ágora” (2009), que inspiró a nuevos heraldos de la ficción. Estuvo basada en la vida de la astrónoma alejandrina Hipatía, una heroína desconocida antes de la versión cinematográfica.
 
En el cine latinoamericano hay películas de género histórico con una excelente producción. Una de éstas, es “Revolución: El cruce de los Andes” (2010) de Leandro Piña. La película interpreta los sucesos sufridos por el general José de San Martín y su ejército  en el cruce de la prominente Cordillera de los Andes. En el cine mexicano, por otro lado, también hay muchas películas de alta calidad y contenido que no hace falta comentar.
 
En las producciones televisivas, se han realizado series latinoamericanas con historias emocionantes. La serie-telenovela colombiana “La Pola” (2010), dirigida por Sergio Cabrera, maneja de manera aceptable la ficción. La historia está basada en la vida de la heroína Policarpa Salavarrieta y los intentos preindependentistas de la Nueva Granada. Otra, de envidiable calidad y con nutrida investigación histórica, fue “La Antorcha Encendida” (1996), una producción mexicana sobre la primigenia gesta de independencia de México.
 
Simón Bolívar no ha tenido éxito real en el cine. Producciones recientes como “Bolívar: El hombre de las dificultades” (2013) de Luis Alberto Lamata y “El Diario de Bucaramanga” (2013) de Carlos Fung, brotan una adicción a la ficción, muy por encima de la historia del mismo protagonista. Alejan al espectador de una oportunidad única de acercarlos a la historia y los sumergen en una visión deformada de Bolívar.
 

En series de televisión, se ha tenido más éxito. La mejor interpretación de todos los tiempos sobre Simón Bolívar, ha sido la del colombiano Pedro Montoya en “Bolívar: El Hombre de las Dificultades” (1980) de Alí Triana. Ésta serie centró su objetivo en la realidad histórica. También se rodó la serie “Bolívar”, donde El Libertador es interpretado estupendamente por Mariano Álvarez. 
 
SOBRE LA PELÍCULA
 
Ante una gran expectativa, se presentó ante nosotros la película anunciada como una superproducción. La película concentró ansiosas esperanzas por tratarse de la vida del Libertador en el cine, con una destacada financiación, producción cinematográfica y sonora.
 
Pese a los anacronismos del guion, es importante reconocer la calidad visual de la producción. La musicalización y los efectos visuales, el metraje, planos de la dirección, escenografías, fotografía y demás, logra que el espectador capte la atención desde el primer momento.
 
El guion fue escrito con el objetivo de presentar a Bolívar “más humano”. ¿Realmente humano? Todo parece indicar, que la presentación “humana” fue hecha por una libertina interpretación del guionista. Pero no hay ideas, no hay discursos, no hay ni granos del legado de su pensamiento. “Libertador” presenta una deformada historia sobre éste epónimo, mostrada en la bandeja de la ficción.
 
 
No se discute, la imposibilidad de reproducir en una sola película toda la vida de Bolívar o cualquier otro personaje, pero no es justo para con su memoria que los pocos hechos que sean descritos, sean llevados al pozo de la mentira. “Libertador” no es una película sobre Simón Bolívar, sino la película de un guerrillero influenciado por las interpretaciones contemporáneas de la figura de El Libertador.
 
SOBRE EL DIRECTOR Y EL GUIONISTA
 
El director de la megaproducción es Alberto Arvelo, uno de más prominentes del cine venezolano. En “Libertador” nos trae, cinematográficamente, una película de calidad. Las escenas, o la mayoría de ellas, las tomas aéreas y los planos visuales, son bien recreados. Sin embargo, también es responsabilidad del director, el camino que toma la película, su sabor y la proyección. Arvelo resbala y le da vida al guion mal armado de Timothy Sexton. Este último, estadounidense, y aunque galardonado guionista, si acaso “novato” en historia venezolana.
 
En varias entrevistas concedidas a importantes medios impresos, Realizadores confesaron que la preproducción fue de “profunda investigación”. Arvelo dijo en otra entrevista que no "haría más ficción sino que se dedicaría a la realidad en Bolívar". Pero "Libertador" parece todo lo contrario.
 

Arvelo y Sexton pecaron con su guión modernizado, quizá por inocentes, quizá no. Conocidos y valiosos en el séptimo arte, se hacen ineficientes en la investigación del guión, e indiferentes ante su importancia. Podrá parecer exageración; pero, como hemos dicho antes, existe una responsabilidad en el cuidado de la información que se suministra al público, bajo el título de “película histórica”,”biopic” o “película sobre El Libertador”.
 
SOBRE EL VESTUARIO
 
Apartar unas líneas para hablar sobre el vestuario, podrá parecer una queja mañosa. El vestuario de la película “Libertador” también evidencia la poca investigación de la producción y la clara influencia de los productores europeos.
 

La mayor parte de la película, Bolívar usa un traje casual claramente inglés. Es azul, con tirante en el cuello y; aveces, sombrero bicornio de galón perpendicular a los hombros. Al mejor estilo de Napoleón. El jefe llanero, José Antonio Páez también se le ve, paradójicamente, usar el parecido bicornio napoleónico y sin parecido al “catire Páez”.
 
 
Sombrero bicornio usado por Páez y el bicornio napoleónico usado en la película
 
En una escena de la película, Bolívar aparece en la costa observando el mar. Está vestido con el traje inglés, el bicornio horizontal y la mano entre el chaquetín. Es la mejor vista de Napoléon Bonaparte, como si estuviera observando el horizonte desde su destierro, en la isla de Santa Helena.
 
 
Trajes de campaña de Napoleón y Bolívar. Es notoria la influencia napoleónica
Ni la supuesta y parcial producción venezolana ni el director, hicieron por dejar una huella vistosa al ejército patriota del siglo XIX. Visitar el Museo de Historia Militar de Venezuela, donde se conserva parte importante de los uniformes usados en la Guerra de Independencia, era un llamado imposible de ignorar. El registro histórico, la evidencia recogida en uniformes recuperados y las pinturas contemporáneas a las Guerras de Independencia, permiten conocer, por ejemplo, el uso del bicornio. En Latinoamérica, el elegante sombrero era vertical y emplumado. La mayoría de la iconografía del Libertador muestra el bicornio vertical emplumado con la escarapela tricolor. Bolívar y San Martín lo usaron así y hasta el Duque de Wellington. Era un sombrero característico de los Ejércitos de Inglaterra, España y las nuevas revoluciones Suramericanas. Aunque también se usó en España, el bicornio horizontal, era de más uso francés, el bicornio napoleónico.
 
Si querían mostrar un Bolívar del populacho, por así decirlo, podían usar su característico sombrero de paja, que lucía en sus días de campo. Aquél sombrero, que también usó para encontrarse con el insigne Mariscal Pablo Morillo en Santa Ana de Trujillo.
 

El traje de gala militar en la película, es negro. Se ve usarlo igualmente a Monteverde, Bolívar y Santander, indiferente al rango y ejército beligerante. Muy diferente a la documentación que conoce la Nación, donde los uniformes de oficiales generalmente coloridos de rojos, azules o verdes. El único traje de gala completamente negro, del que se tenga registro, fue obsequiado a Bolívar y a Sucre por la Municipalidad de Lima en 1824 por sus servicios al Perú. Aún este último, está fuera de la fecha que abarca la película.
 
 
Uniformes del Ejercito Libertador. Recreados por José Peña en el blog Heroes en Uniforme basado en el Decreto de 1825. De izq. a der.: Coronel de Estado Mayor; General en Jefe; General de Brigada; Coronel de Caballería; Coronel de Infantería y Coronel de Artillería.
SOBRE LOS PERSONAJES
 

Estos son algunos de los personajes que llamaron importante parte en el desarrollo de la película. Las incongruencias históricas de sus personas, serán debatidas es el apartado “SOBRE EL GUIÓN”.
 
Simón Bolívar: <<No se parece a Bolívar>>, decía una de las quejas más populares ante el anuncio de
 
Robusto, alto, de nariz chata y cráneo grueso, se alejaba años/luz de las características documentadas sobre Simón Bolívar. Y la verdad, verlo al lado de un Francisco de Miranda casi enano, se despegaba de la posibilidad de ser la vistosa reunión que todos esperaban. Quizá el casting no fue necesario, ante la propuesta de contar con el mejor actor venezolano de la actualidad… o quizá sí.
 
En cuanto a la interpretación, Edgar Ramírez muestra profesionalidad y parece que sí se acopla al personaje. Sin embargo, está inducido con el Bolívar“serio de cejas arrugadas” del estereotipo popular y, con la actitud obligada del guión, lleva al personaje hasta donde es pastoreado por el director.
 
El irrespeto a Simón Rodríguez, en una de las escenas, por “meterse” con la memoria de su esposa fallecida, es una característica por demás alejada de la conocida reverencia a su maestro. Es opinión del director y guionista. También se mostró irreverente frente al Generalísimo en una ficticia reunión antes de la caída de la Primera República. Este Bolívar es rebelde e indómito, aún frente a sus admirados precursores. Más adelante llega a más, y se muestra, casi, como un guerrillero en actitud y objetivos. No está sujeto a las leyes ––mostrado en la escena del cruce del río con Santander––. Y en detalle a su personalidad, no se le veía nervioso, sino pasivo, callado, serio y no consultaba a nadie sus planes.
 
Se presentó en algunas escaramuzas, en batallas y algunos debates políticos buscando presentar un supuesto “Libertador”. Nunca se mostró la compañía de sus edecanes, ni su Estado Mayor. Nunca lo llamaron “Su Excelencia”. No tenía ejército organizado, no dictó ni una carta, no se vio al diplomático, ni el estratega militar, ni tampoco al estadista de las leyes y mucho menos al constructor de repúblicas. No se le citó en una sola línea. No apareció el “Libertador”. No fue una película del “Libertador” sino la de un insurgente inculto y guerrillero.
 
¿Cuál es el objetivo de mostrar un supuesto Bolívar “hombre” si se persigue un objetivo ficticio?
 
Si querían contribuir a mostrar una faceta humana, la producción se hubiese podido inspirar en las descripciones del edecán Luis Perú de Lacroix en su “Diario de Bucaramanga”, o en las Memorias de algunos otros contemporáneos. Vemos que todos los discursos, interpretación del personaje de Bolívar y las líneas usadas la película son inventados por el guionista.
 
A través de la película, grita una especie de frases como: “Esto no es una frontera, esto es un río. No nos dejemos separar”; o “¿Quién puede detener el viento?, ¿quién?; nadie. Esto es un diluvio”. Parece increíble, que el prócer venezolano que cuenta con el extenso Archivo Libertador, que integra más de 12.000 documentos que recopilan todas sus proclamas, decretos, partes de guerra, cartas y discursos, no sea citado en ninguna línea del guion. Todos los diálogos, frases o gritos promulgados por el Bolívar con aspecto de salvaje, son falsos, inventados por el guionista y puestos por el director según su propio saber.
 
El Bolívar hombre, el estadista, militar, héroe o mujeriego son indisolubles. No se puede partir en pedazos la totalidad de aptitudes, sentimientos, virtudes y defectos de un personaje. ¿Por qué llamar una película “Libertador”, si se busca mostrar un lado ‘humano’?, llámela “Bolívar, el hombre”, o “Los sentimientos de un General”, pero ¿Qué tiene que ver “El Libertador” con el Bolívar hombre? Más bien, el título Libertador es el estandarte de su grandeza, de su gloria política y militar, ése mismo, aquél de las estatuas y los libros de historia, del que se quería alejar el enredado director.
 
María Teresa del Toro: Sin ninguna duda, la mejor interpretación de la película. María Valverde interpreta a la adorada esposa, joven y tierna del Libertador. Inocente, encantadora, deslumbrante y enamorada. No podrían cocinarse quejas contra la interpretación de una adorable mujer. Las escenas en que se involucra María Teresa, son las más destacadas en la película.
 
Martín Torkinton: Danny Huston interpreta al personaje ficticio más predominante de la película. Trabaja casi en las sombras, y claramente, es la imagen creada para representar a unos “intereses capitalistas, burgueses y neoliberales” de la época, por así decirlo. Es en este personaje donde se evidencia la manipulada visión basada en tormentosas ideologías políticas. De ficción y presentado con una clara intensión, le propone a Bolívar el establecimiento de un Banco inglés en Colombia como pago al financiamiento que habría hecho, a lo que el prócer se niega.
 
¿Fue Bolívar repugnante a la apertura comercial y el acuerdo bancario?, ¿Qué se busca con presentar este personaje?
 
Francisco de Miranda: El Generalísimo se muestra como un viejo, poco parecido, enano, feo y amargado. En la película entra en escena en Londres. Bolívar lo interrumpe en su caminata, cuando supuestamente venía desde París y le desahoga sus planes independentistas.
 
La personalidad de Miranda, lo conocido de ella, podría debatirse, pero en la película es exagerada con una actitud casi enemiga de los intereses del protagonista. Miranda se ve en extremo pesimista y con poca amabilidad hacia Bolívar. En las escenas finales de su aparición, vuelve la fábula entrometida de la “traición” de Bolívar con su persona.
 
José PalaciosQuien fuera el mayordomo del Libertador, sufre un asalto contemporáneo a la humilde lealtad que José Palacios le conservó. En la película es: un traidor. Pobre memoria de aquél, que fue el entrañable compañero de Bolívar a lo largo de sus campañas.
 
Rafael Urdaneta: En la película, al igual que Antonio José de Sucre, son personajes sin personalidad. Están solo de acompañantes y no toman mayor partido en nada. Silenciosos y extremadamente sumisos. En una de las escenas, junto con Sucre, aparece atendiendo heridos en la Batalla de Boyacá, ajeno a todo registro histórico, pues el marabino para cuando ocurrió la importante batalla se hallaba entre Barcelona y Cumaná en actividades militares. Hicieron aparecer a Urdaneta en un momento y lugar donde nunca estuvo y, para colmo, para hacer labores médicas.
 
Antonio José de Sucre: Sucre, en la película, es un inocente personaje, casi mayordomo del supuesto Libertador. Aparece en la aprehensión de Miranda y en la Batalla de Boyacá, contrario al registro histórico, pues no se encontró en ninguno de los dos sucesos.
 
Francisco de Paula Santander: El mismo villano de la tradición, es Santander. Se muestra como un personaje envidioso y anti-Bolívar y dispuesto a cooperar poco. En la escena del cruce a un supuesto río fronterizo, se ve como un tiránico que usa las leyes en favor de sus intenciones egoístas. Aparece entre los perpetradores del atentado al Libertador, para darle el tinte del asesino ambicioso de la película. Los villanos de la película no son los españoles imperiales sino Santander y Miranda. Entonces no es Libertador de los españoles, sino ¿Libertador de la oligarquía que representa Santander?
 
La personalidad de Santander es muy intervenida a los intereses del guion, donde, en los proyectos de Bolívar, surge como un obstáculo a sus pretensiones. Divide el ejército al principio de la película y casi queda como el culpable de todos los males de Bolívar.
 
Domingo Monteverde: En 1808 hace su aparición, en la hacienda de San Mateo. Irrumpiendo en su interior, se muestra como la autoridad dispuesta a violentar lo que esté a su antojo y con la capacidad de amenazar a cualquiera que esté en su contra. Caída la Primera República, destierra, falsamente, a Bolívar a Cartagena, luego de recuperar el poder en Caracas.

 
SOBRE EL GUIÓN Y LOS HECHOS PRESENTADOS EN LA PELÍCULA
 
“La crítica histórica es un método destinado a distinguir lo verdadero de lo falso en la historia (…) Dicernir lo que es probable, posible, iverosímil o que no se puede verificar” H. Lévy-Bruhl
 
El propósito de esta crítica no es hacer un ensayo histórico de la vida de Bolívar, ni mucho menos. Sin caer en prejuicios del criterio de la verdad, citaremos a varios autores que consideramos fieles en su investigación histórica, basadas en la evidencia.
 

Los primeros segundos de la película, nos dan señalización de la desnutrida investigación histórica de la producción. Introduciendo a los territorios de Venezuela como la “Provincia de Venezuela” y no por su nombre para entonces, “Capitanía General de Venezuela”. La provincia de Venezuela era solo una provincia de las que integraban aquella jurisdicción. El lector podrá protestar con este detalle, por su escasa importancia, pero su aparición es el semáforo de lo que nos espera. Hemos resumido seguidamente, los hechos que consideramos inventados, cambiados o manipulados por el guión.
 
 
 
1.     Bolívar en la Corte Española. Existe poca documentación sobre su posible presencia en la misma. La escena entre Bolívar y el príncipe Fernando VII, jugando raqueta, muy posiblemente la escenificación es inspirada en el capítulo “Bolívar en Madrid” de la serie “Diego de Acevedo” de TVE de los años ’60. En el juego, Bolívar le dio un pelotazo al príncipe Fernando VII, con toque dramático.
 
 
 
    Rufino Blanco-Fomona en sus “Mocedades de Bolívar” comenta el posible suceso así:
 
“Parece que jugando a la raqueta de Aranjuez con Fernando y unos mozos cortesanos dio al príncipe por malaventura con el volante en la cabeza... Acaeció el incidente, si es que en efecto ocurrió, por la poca destreza juvenil. Resulta, sin embargo, perenne el símbolo que se ha querido desentrañar de la ocurrencia, por muchos puesta en tela de juicio: Bolívar arrancará a Fernando el más bello y pingüe florón de la real corona; lo desposeerá 'de los títulos de aquella fabulosa propiedad que, trescientos años antes, había puesto Colón en manos de Isabel y Fernando'” (1)
 
Vicente Lecuna en su “Catálogo de errores y calumnias en la historia de Simón Bolívar”, analiza a fondo esta historia que califica de leyenda, y aunque no la descarta por completo, por su mención verosímil en las Memorias de Tomás Mosquera, plantea la duda del fortuito encuentro.
 
1.      Bolívar y María Teresa del Toro. Luego de casados, regresan a Venezuela y desarrollan un proceso de adaptación de su matrimonio a las extensas tierras de los Valles de Aragua. Estas escenas y las siguientes a la apasionada unión, son lo poco rescatado de la película. Las escenas del joven Bolívar y su frágil María Teresa, poseen el único impactante toque sobre la vida humana del Libertador. Solamente el innecesario recurso sexual, recurrente en las películas venezolanas, es su desventaja. Reduce la capacidad de transformar la película en una producción dirigida a la familia y a niños de todas las edades.
 
3.     Monteverde y Simón Rodríguez en San Mateo en 1808. En una de las escenas, en pleno apogeo del matrimonio Bolívar-del Toro, en la hacienda de San Mateo, aparecen en escena los esposos en un almuerzo familiar, al que asiste Simón Rodríguez. Forzada esta aparición, pues no existe registro histórico del paradero de Simón Rodríguez en el intervalo de 1806 hasta 1823. En 1806, inició un viaje peregrino por Europa, viviendo en Italia, Alemania, Prusia, Polonia y Rusia, donde es probable que se haya dedicado a la docencia. Es posible, entonces, que Rodríguez estuviese en 1808 entre aquellos viajes instructivos a través de Europa y no, en la hacienda de su alumno Simón.
 
Otro personaje irruptor es Domingo Monteverde. A mitad del almuerzo de los Bolívar en San Mateo, entra en la hacienda con el objetivo de mostrar su poder sobre Venezuela al recién llegado Bolívar. Vestido como pintoresco militar, le advierte a María Teresa, ante su reclamo por invasión privada, que en América nada es como en la Península, y que cualquier actividad subversiva en contra de la Corona estará fuertemente condenada. Esta falsa visita de Monteverde, es agregada a la fuerza. Es creada por el guionista. En los registros de la historia española, Domingo Monteverde para 1808, se encontraba en España, participando en varias acciones de guerra contra los invasores franceses. Hasta 1810 estuvo en aquellos encuentros, entre ellos, la Batalla de Talavera de la Reina del 27 de Julio de 1809. No fue hasta 1812 cuando llegó a Venezuela y fue designado por su inmediato superior, José Ceballos, como comandante de las fuerzas realistas de Carora, bajo el rango de Capitán. Sin embargo, en la película, los guionistas en 1808 teletransportan a Monteverde al Ingenio de San Mateo para amenazar a Bolívar como si fuera portador del poder supremo de Venezuela.
 
4.    Bolívar y Miranda en Londres. Esta escena es puesta con remiendos. Bolívar aparece frente a Miranda luego de que su maestro Rodríguez lo arengara a independizar a Venezuela. Llegó solo, e irrumpiendo un paseo dominical. Queriendo mostrar al creciente “Libertador” atrevido, omiten por completo y no hacen ni mención de las razones por las que Bolívar fue a Londres. En aquellos días, Bolívar se entrevistó con Miranda en varias ocasiones, acompañado de don Andrés Bello y Luis López Méndez. Pero la misión principal era de ser representantes de una comisión diplomática ante el Gobierno Británico. Bolívar, Bello y Méndez, habían sido enviados a la capital londinense para buscar apoyo para la Junta de Gobierno de Caracas, formada a partir de la revolución ocurrida el 19 de Abril de 1810. No muestran, ni mencionan sus intervenciones en los sucesos que llevaron a su viaje a Londres.
 
 
5.      Fanny du Villars. La deshonesta presentación en la película de la prima y amante del Libertador, es degradante. A la vista de lo que parece una prostituta, entregada a los malos hábitos y cortesana de un cabaret, se acaricia y apasiona en la mesa de juego del derrochador Bolívar. En contraposición, la Fanny verdadera, una señora casada con un destacado militar, administraba un conocido hotel de la alta esfera francesa en la que no tardó el curioso Bolívar en concurrir.
    
 


    Aunque la descripción de Fanny varía en algunos historiadores, Vicente Lecuna habla de ella así:
 
“En esa época estrecho amistad con la señora Fanny Dervieu du Villars, a quien había conocido en Bilbao, dama distinguida, esposa del coronel Dervieu du Villars, antiguo proveedor de los ejércitos de Italia, y a la sazón ocupado en los servicios análogos, motivo de sus relaciones personales con militares y funcionarios del gobierno francés.” (2)
 
Y en aquellas reuniones, Bolívar se nutrió de destacados personajes que alimentaron su curiosidad, ya nacida, por los asuntos políticos. Humboldt y Bompland fueron unos de ellos. Todo ocurrió en el Hotel de Fanny, que por sí solo hablaba de la naturaleza del salón. Lecuna dice:
 
“En el hotel de Fanny du Villars, rue Basse de St. Pierre, número 22, Boulevard Menilmotant, conoció Bolívar al general Oudinot, futuro príncipe Eugenio, al funcionario Delegarde y otros tantos por el estilo. Los episodios de Bolívar con estos personajes, fueron referidos por Fanny a Leandro Palacios en 1829 y Palacios a O’leary en Caracas” (3)
 
En cuanto a las extravagancias de Bolívar y el supuesto espíritu derrochador, Lecuna comenta:
 
“Escritores sin estudiar a fondo los hechos le han atribuido a Bolívar, tanto en su juventud como en años posteriores, extravagancias que no cometió, completamente ajenas a su carácter, tales como gastos excesivos, pedanterías y actitudes rumbosas durante su estadía en Europa y su ejercicio del poder. Aunque de carácter dominante y de audacia imponderable, no era imprudente como para dar motivo a las autoridades francesas a proceder contra él (…)” (4)
 
6.      Pérdida de Puerto Cabello y entrega de Miranda. La popular calumnia titulada “Bolívar entregó a Miranda a los españoles”, toma protagonismo, una vez más, en una película colonial. En la película, luego de la amenaza del egoísta Miranda de entregar a Bolívar a los españoles por cuestionar su autoridad, Bolívar le reclama altaneramente sus decisiones. Bolívar pierde Puerto Cabello por estar almorzando con el banquero Torkington; y posteriormente entrega a Miranda a los españoles por la Capitulación frente a éstos. Ficción.
 
La pérdida de Puerto Cabello, a raíz de la traición de Francisco Vinoni y la caída de la primera República, son temas complejos, imposibles de impregnar en una sola producción. Pero se pueden trabajar. En lo relativo a la película y la historia, las relaciones de Miranda y Bolívar, aunque poco estimada por el Precursor, eran de casi devoción por el joven caraqueño. No existe, en ninguna de las cartas a su General, alguna palabra altanera como la mostrada en la película. Más allá de eso, luego de la pérdida de Puerto Cabello, Bolívar estuvo deprimido y apenado con su superior, a quien veía como a un padre en ideales y milicia. Esto se evidencia en la correspondencia que le escribió luego del incidente:
 
“Mi general. Después de haber agotado todas mis fuerzas físicas y morales ¿con qué valor me atreveré a tomar la pluma para escribir a Vd. habiéndose perdido en mis manos la plaza de Puerto Cabello? Mi corazón se haya destrozado con este golpe aún más que el de la provincia… Mi general, mi espíritu se halla de tal modo abatido que no me hallo en ánimo de mandar un solo soldado… Así ruego a Vd., o que me destine a obedecer al más ínfimo oficial, o bien que me dé algunos días para tranquilizarme, recobrar la serenidad que he perdido al perder Puerto Cabello: a esto se añade el estado físico de mi salud, que después de trece noches de insomnio, de tareas y de cuidados gravísimos,  me hallo en una especie de enajenamiento moral… Yo hice mi deber, mi general, y si un solo soldado hubiese quedado, con ése habría combatido al enemigo…
De su súbdito,
 Simón Bolívar.
Caracas, 12 de junio de 1812” (5)
 
Dos días más tarde le escribe:
 
“Mi general, lleno de una especie de vergüenza me tomo la confianza de dirigir a Ud. el adjunto parte; apenas es una sombra de lo que realmente ha sucedido. Mi cabeza, mi corazón no están para nada… De gracia, no me obligue a Ud. verle la cara! Yo no soy culpable, pero soy desgraciado y basta. Soy de Ud. con la mayor consideración y respeto su apasionado súbdito y amigo, Simón Bolívar”(6)
 
Esta reverencia y admiración, que Miranda nunca respondió, no se mostró en la película, sino todo lo contrario, Bolívar enfrenta a Miranda y se amenazan mutuamente de entregarse a los españoles, que, luego de la Capitulación, Bolívar realiza frente a Monteverde. Esta calumnia tan famosa en lo manipulado de la historia patria, se comenta en la popular fábula venezolana. La mayoría de los importantes biógrafos e historiadores, han podido argumentar que el joven coronel Simón Bolívar no tuvo ninguna participación en la entrega de Miranda al vencedor Monteverde. Los sucesos acaecidos en aquella noche a la aprehensión de Miranda, son analizados por el historiador Tomás Polanco Alcántara en su libro “Bolívar: Una interpretación biográfica a través de sus documentos” y los describe, resumidamente, así:
 
“(…) El Generalísimo informó a Gual sobre la Capitulación que había firmado y después de discutir sus inconvenientes le expuso el proyecto que había concebido de evacuar La Guaira, para lo cual tenía reservado el bergantín Zeloso. Pretendía llevar todo lo disponible a Cartagena, donde estaba viva la realidad de la Independencia, y desde allí seguir la lucha.

El plan de Miranda era conocido sólo por el Capitán Haynes y por Gual. Su silencio ante los demás daba un carácter trágico a la ignorancia general acerca de los términos no publicados de la Capitulación y a la inquietud, también general, por la cercana e inminente presencia de Monteverde, la disolución del ejército republicano, el proyecto de viaje de Miranda y las noticias que corrían de haber llevado Miranda a bordo una fuerte cantidad de dinero junto con su equipaje. Si los Jefes Republicanos presentes en el puerto hubieran sido enterados por Miranda de los proyectos que expuso a Gual, con toda seguridad lo habrían apoyado. Pero, por desconocerlos, el día 30 en la noche se reunieron, muy preocupados, en la residencia del Comandante Militar del Puerto, Coronel Casas, lugar en donde Miranda estaba alojado, deliberaron cuidadosamente y resolvieron detener a Miranda esa misma noche para impedir su salida. O'Leary afirma que, de parte de Bolívar, el intento se limitaba a prender a Miranda para obligarle a permanecer en el país y poder exigir a Monteverde el fiel cumplimiento de los artículos de la Capitulación. Todo fue organizado exactamente y con el respaldo militar de Casas: Bolívar y Tomás Montilla detuvieron a Miranda en la habitación donde dormía y el Coronel José Mires lo llevó al vecino Castillo de San Carlos.
 
(…) Al estar preso Miranda, el Coronel Casas se convertía en la máxima autoridad del puerto. Si él, actuando con los jefes republicanos había acordado la prisión de Miranda, era por sentirse solidario con ellos tal como lo había percibido y anota en su diario el Capitán Haynes. El puerto debía entonces ser abierto y todos hubieran podido escaparse o resistir, pero tal solidaridad no existía. Monteverde, diciéndose presionado por las denuncias sobre una supuesta e indebida apropiación de dineros públicos por parte de Miranda, dio orden desde Caracas al Coronel Casas para que el puerto permaneciera cerrado y Miranda preso.
 
Monteverde no tenía facultades para dar órdenes al Coronel Casas y mucho menos para disponer la detención de Mirada. Si la Capitulación estaba vigente, Miranda era el Jefe de las fuerzas republicanas, debía ser respetado y gozaba de la inmunidad que daba el acuerdo. Si la Capitulación no estaba vigente, ninguna autoridad tenía el Jefe del bando contrario sobre el Comandante del Puerto. Sin embargo, Casas al recibir la orden, de inmediato la acató y en consecuencia mantuvo el puerto cerrado, apresó a varios jefes que no escaparon y entregó todos los presos, entre ellos a Miranda, a manos de Monteverde, quien dirá a los Jefes ingleses que Casas había estado de acuerdo con él desde La Victoria. (8) Bolívar trató, sin éxito, de controlar a Casas. Incluso, observará más tarde, en 1821, que no pudo fusilarlo porque, sus compañeros de armas "no se atrevieron a acompañarme a castigar a aquel traidor". (7)
De esta calumnia de “traidor”,  creada hacia la figura del Libertador, es confrontada por Polanco Alcántara, Vicente Lecuna y Augusto Mijares, del que resumo un fragmento de su biografía “El Libertador”:
 
“En el caso de Bolívar ––diferente a Casas y Peña, los otros que apresaron a Miranda––, no puede pensarse en traición, ni siquiera en resentimientos personales. Ya hemos visto que las diferencias de criterio en cuanto a la conducción de las operaciones militares, que se supone lo alejaron del Generalísimo, deben de haber sido inventadas, o al menos, exageradas, posteriormente; y con el objeto, sobre todo de explicar su participación en el arresto de Miranda. En las cartas que a éste le dirige, a propósito de la pérdida de Puerto Cabello y apenas algunos días antes de la madrugada trágica, vemos que se conserva hacia su jefe afectuoso y sumiso. La causa de su violentísima reacción debe buscarse, pues, en el propio estado de ánimo que aquellas cartas nos revelan. Si para sí mismo pedía que por haber perdido Puerto Cabello se le destinara a obedecer al más ínfimo oficial, nada tiene de extraño que, estupefacto y después enfurecido por la capitulación de Miranda, volviera contra éste aquella misma violencia, y quisiera en unión de sus compañeros pedirle cuenta de su conducta.
 
Según parece, ––por una carta a su cuñada  Josefa––, que Bolívar pretendió, unido a sus compañeros de La Guaira, a la vez que juzgar a Miranda, promover una reacción contra Monteverde y volver sobre Caracas para atacarlo por sorpresa; lo cual no pudo ejecutarse porque Casas, en la mañana del propio 31, entregó la plaza a los agentes de Monteverde. Restrepo y O’leary, los dos historiadores más cercanos a aquellos sucesos y a Bolívar, prohíjan aquella versión. …La decisión que expresa en aquella carta echa por tierra la suposición de que pensaba en entregar a Miranda a los españoles. Era imposible, físicamente, que lo hiciese, puesto que se proponía a reanudar la lucha o abandonar el país.
 
Esta necia calumnia nació de su desdichada asociación con Casas; y hasta es lógico suponer que la indignación que el Libertador manifestó a veces contra éste, se debía en gran parte al despecho que debió sentir por haberse unido a él creyéndolo sincero patriota. Monteverde también contribuyó a aumentar el equívoco, porque habiendo concedido a Bolívar pasaporte para salir del país, quiso excusarse ante el gobierno español y señaló expresamente a Casas, Peña y Bolívar entre los que debían “ser perdonados por su extravío”, por haber prendido a Miranda (…)” (8)
 
Pero, sin faltar, la crítica de Vicente Lecuna a los propagadores de ésta calumnia se hace ver en su “Catálogo de errores y calumnias en la historia de Simón Bolívar”:
 
“En resumen: el responsable de que Miranda y todos los patriotas refugiados en La Guaira cayeran en manos de Monteverde fue Casas (…) Cuando en las revoluciones se levantan hombres de grandes virtudes, el odio y la envidia les caen encima para destruirlos. De aquí nacen las calumnias, leyendas falsas y errores históricos lanzados para ensombrecer las figuras prominentes. Es deber del historiador adoptar sólo los hechos comprobados con documentos y ajustados a la lógica y a la naturaleza de las cosas; pero este método no se practica siempre, por la diversidad de intereses, de pasiones, de aptitudes y de conocimientos que influyen en la confección de una obra histórica. Decir que Bolívar entregó a Miranda a los españoles, es una infame calumnia.” (9)
 
 
De manera que, brevemente podemos ver que el que entregó a Miranda a Monteverde fue el coronel Manuel María de las Casas y no Bolívar, como se hace ver en la película.
 
7.      Supuesto destierro de Bolívar. Seguidamente, muestran a Bolívar frente a Monteverde, y éste último desterrándolo a Cartagena de Indias. Pero, más allá de la película, la misma Cartagena de aquellos años era donde estaba la llama viva de la lucha por la independencia. ¿Cómo va a enviar Monteverde a un “rebelde” adonde hay más “rebeldes”? Sin parecer suficiente, la vista que se nos aparece de la supuesta Cartagena, son remendadas imágenes sucesivas de la Guayana venezolana.
 
Sobre la entrevista con Monteverde, Polanco Alcántara continúa:
 
“(…) Nada se sabe de lo que sucedió a Bolívar durante esos días de agosto. La única noticia cierta que se tiene es que el día 21 volvió a La Guaira y desde allí firmó el documento que ya conocemos relativo a su equipaje. Gracias a las gestiones de don Francisco de Iturbe, Monteverde accedió a darle pasaporte para que viajase al exterior. Monteverde, muy curiosamente, explicó dos veces a su gobierno, el haber expedido ese pasaporte. Primero lo hizo en un despacho fechado 26 de agosto de 1812, y en el cual al narrar los hechos sucedidos en La Guaira, dice que "no podía olvidar los interesantes servicios de Casas (haber puesto en prisión a Miranda) ni el de Bolívar y Peña (ser el medio usado para esa prisión) y en virtud de ello no se han tocado sus personas, dando solamente al segundo sus pasaportes para países extranjeros pues su influencia y conexiones podrían ser peligrosas en esas circunstancias"
 
(…) Bolívar, por su parte, en una carta ya mencionada, narra: "Yo fui presentado a Monteverde por un hombre tan generoso como yo era desgraciado. Con este discurso me presentó don Francisco Iturbe al vencedor: aquí está el comandante de Puerto Cabello, don Simón Bolívar, por quien he ofrecido mi garantía. Si a él le toca alguna pena yo la sufro. Mi vida está por la suya".
 
Con toda evidencia lo que le permitió salir del país fue un golpe de suerte, facilitado por la confusión del momento, la influencia de Iturbe y el momentáneo deseo de Monteverde de dar sensación de magnanimidad. El 27 de agosto, a las 9 de la mañana, Bolívar partió desde La Guaira para Curaçao a bordo de la goleta española Jesús, María y José; en ella iban también José Félix Rivas, Vicente Tejera y Manuel Díaz Casado. (…)” (10)
 
Y Augusto Mijares comenta:
 
“…No puede haber, pues, duda alguna acerca del motivo que tuvo Monteverde para dar pasaporte a Bolívar; pero posteriormente los enemigos del Libertador no dejaron de insistir en la fortuita complicidad de éste con Casas y Peña, silenciando lo que fundamentalmente los separaba (…)
 
En favor de Bolívar –––para la concesión del pasaporte––, fue decisiva sobre todo la influencia de un magnánimo español, don Francisco Iturbe.  Nueve años después, en comunicación al congreso, el Libertador narraba lo sucedido así: <<Cuando el año de 12, la traición del comandante de La Guaira, coronel Manuel María de las Casas, puso en posesión del general Monteverde aquella plaza con todos sus jefes y oficiales que pretendían evacuarla, no pude evitar la infausta suerte de ser presentado a un tirano, porque mis compañeros de armas no se atrevieron a acompañarme a castigar a aquél traidor o rendir caramente nuestras vidas. Yo fui presentado ante Monteverde por un hombre tan generoso como yo era desgraciado. Con este discurso me presentó don Francisco Iturbe al vencedor: ––Aquí está el comandante de Puerto Cabello don Simón Bolívar, por quien he ofrecido mi garantía; si a él toca alguna pena yo la sufro, mi vida está por la suya…>> Por lo cual Bolívar pedía en aquella representación al Congreso que no se tocaran los bienes de Irturbe: <<Si sus bienes se han de confiscar ––decía–– yo ofrezco los míos, como él ofreció su vida por la mía; y si el Congreso soberano quiere hacerle gracia, son mis bienes los que la reciben, soy yo el agradecido>>” (11)
 
No hubo destierro, sino la concesión de un pasaporte gracias a las gestiones de un generoso amigo español llamado Francisco Iturbe. Éste contacto de amistad y generosidad hubiese sido interesante verlo en la película, en el supuesto Bolívar humano. El Libertador, después le devuelve la muestra de generosidad a Iturbe ante la posible confiscación de sus bienes. Bolívar, amante de la amistad, promulga ahora en favor de su amigo, las mismas palabras que alguna vez él dicto para ayudar al joven Simón: “Si a él le toca alguna pena yo la sufro. Mi vida está por la suya".
 
8.      Bolívar en Cartagena.  En la película, Bolívar llega a Cartagena en destierro de Monteverde. Se encuentra en una solitaria aldea en medio de la “selva de Cartagena”, ––con las imágenes de Canaima––, y allí se pelea con un niño por robarle sus botas. Luego arma una revolución con los ‘salvajes’ habitantes y recorre el río Magdalena liberando caseríos, diciéndose “Yo soy el pueblo”. Fue la triste representación de la Campaña del  Bajo Magdalena.
 
 
 
           El inicio de ésta Campaña, en la que fue acompañado de varios oficiales venezolanos, entre ellos su tío José Félix Ribas, es descrita por el biógrafo Indalecio Liévano Aguirre de la siguiente manera:
 
“Cuando Bolívar y sus compañeros, en busca de nuevas oportunidades para luchar contra los españoles en Venezuela, se presentaron en Cartagena a don Manuel Rodríguez Tornices –––Gobernador de aquella provincia patriota–––, éste no sólo les dio amable acogida y reconoció sus grados, sino que, viendo en ellos militares experimentados y capaces de equilibrar la insoportable ambición de Labatut –––uno de sus oficiales–––, realizó los esfuerzos necesarios para incorporarlos a las fuerzas militares de la ciudad. El francés, quién, gracias a la ausencia de verdaderos jefes, mantenía sometidos a su voluntad a todos los mandatarios civiles de Cartagena, no recibió muy bien a estos intrusos por advertir en ellos futuros rivales

Imposibilitado Labatut para negarse a obedecer la orden del gobierno, que le mandaba a incorporar a los venezolanos en sus fuerzas, dio a los Carabaños y Campomanes las posiciones más importantes, aquellas donde tenían mejores posibilidades de alcanzar rápido éxito, y envió a Bolívar al pueblito de Barrancas, situado sobre el río Magdalena, en el cual –––según los planes de su campaña contra Santa Marta––– no tenía misión distinta que la de permanecer inactivo indefinidamente.
 
Pero si Labatut imaginó que de esta manera se deshacía del joven caraqueño, en ello se equivocó. Como a Bolívar la campaña de Santa Marta no le interesaba mayormente, en este nombramiento sólo vio la oportunidad para comenzar la ejecución del proyecto que venía acariciando desde su partida de Curazao: conseguir tropas en la Nueva Granada para atacar a Monteverde y libertar a Venezuela.” (12)
 
En estas circunstancias inició el futuro Libertador la liberación del Bajo Magdalena, frente a las adversidades y siempre planeando su estrategia. Liévano Aguirre prosigue, y comparémoslo con la ficción del cine:
 
“…No bien llegó Bolívar a Barrancas y después de enterarse de la situación de las tropas a su mando, lamentablemente por la ausencia absoluta de disciplina y de recursos, con extraordinaria energía comenzó a organizarlas y las sometió a un intenso y rápido adiestramiento. Quién hubiera pasado por el río, frente al pueblito de barrancas, en sus calles estrechas y empantanadas y bajo los humildes techos de paja de sus cabañas, hubiera notado inacostumbrada y febril actividad en toda la población, la cual, obedeciendo a las órdenes de Bolívar, más que alistarse para conservar un puesto sin importancia, según las instrucciones de Labatut, parecía empeñada en los preparativos necesarios para una peligrosa y prolongada campaña.
 
El 27 de diciembre, cuando sus tropas estuvieron mejor entrenadas, Bolívar se decidió a dar uno de los pasos decisivos en su vida: desobedeciendo las instrucciones de Labatut, al frente de doscientos hombres de guarnición de Barrancas, abandonó el pueblo y se dirigió por el río a la más cercana posición realista, Tenerife, con el propósito aparente de expulsar a los españoles del Alto Magdalena, como lo anunciaba en su parte al Gobierno de Cartagena, pero con la intensión real de abrirse paso hacia las provincias granadinas limítrofes con Venezuela. La empresa no sólo era arriesgada, por la inferioridad numérica de sus tropas frente a las que disponía el enemigo a todo lo largo del Magdalena, sino por entrañar gravísima desobediencia a órdenes superiores, que bien podía acarrearle las naturales sanciones, más graves sin el éxito no le acompañaba en su peligrosa aventura.”(13)
 
Es claro que representar solo esta Campaña en el cine hubiese tomado toda la película. Tampoco comentar a detalle la heroica travesía, pero, más que eso, hubiese sido interesante ver las reales circunstancias con las que Bolívar empezó su campaña libertadora, desde la Nueva Granada hacia Venezuela. Allí hubiésemos podido ver al hombre de las dificultades. En ausencia de esto, vemos un hombre desterrado que inicia una rebelión guerrillera con civiles: niños y mujeres mal vestidos, en medio de la selva miserable. Esta va a ser la representación del ejército patriota y se va a llevar durante toda la película. Llega a su apogeo en la Batalla de Boyacá, queriendo introducir el concepto del “pueblo en armas”.
 
9.      Bolívar y Santander y el cruce de un río. El villano de la película hace presencia frente a Bolívar en medio de su recién iniciada campaña, se presenta como coronel y su auxilio militar. En la película, luego de una cabalgata, Bolívar intenta cruzar un río para dirigirse a Venezuela, pero se encuentra con la oposición de Santander que argumenta no poseer permiso para cruzar la frontera. Bolívar, en unas líneasinventadas por el guionista, exclama que tal río no es una frontera sino el río de una gran nación. Santander intenta hacerle ver que hay que cumplir las leyes y el tal Bolívar dice que las muchas leyes crean tiranía. Al final, divide el ejército y se lleva a su gente a Venezuela.
 
 
 
     ¡Qué calumnia más grande contra la memoria del Libertador! Veamos la narración de los sucesos relativos, otra vez, en manos del biógrafo y destacado historiador colombiano Indalecio Liévano Aguirre:
 
“Cuando Bolívar entró victorioso en Cúcuta, la noticia de la victoria causó en el Congreso granadino enorme entusiasmo y sorpresa; sorpresa porque en él habían influido mucho los informes del coronel Castillo, en los que acusaba a Bolívar de incapaz, de despilfarrador y, sobre todo, de querer arriesgar en empresas quiméricas las tropas granadinas. <<Ya tiene Vuestra Excelencia –––decía Bolívar al presidente del Congreso–––, terminada la campaña de Cúcuta [y el Magdalena], y liberada una bella porción de la Nueva Granada de los tiranos que la asolaban. Ahora sólo nos resta vencer a los opresores de Venezuela, que yo espero serán bien pronto exterminados, como lo han sido los de Santa Marta y Pamplona, que en pocos días se han visto arrancar el cetro de hierro con que abrumaban éstos estados>>.
 
Colmado de honores por el Congreso, que le nombró ciudadano de la Nueva Granada y Brigadier General del Ejército de la Unión, Bolívar envió un comisionado especial a los legisladores, con la misión de solicitar y obtener permiso para comenzar la campaña de Venezuela. El 7 de mayo recibió en Cúcuta la ambicionada autorización, no tan amplia como él deseaba, pues sólo le facultaban para libertar las provincias fronterizas de Mérida y Trujillo, pero suficiente para comenzar la ejecución de sus planes.” (14)
 
Éste es Simón Bolívar, el súbdito de las leyes. Más que complacido hubiese estado, si escuchara las palabras puestas en Santander, que bajo el imperio las leyes debe abrigarse toda ambición y el fundamento de una verdadera Unión. El Bolívar guerrillero de la película, es todo lo contrario, le vale menos hacer una solicitud al Congreso granadino y menos desobedecer las leyes, contrariar a Santander y dividir el ejército patriota. Pero, Santander tampoco tomó parte en estas escenas ni tampoco era coronel, como se mostró en la película. Para ese año, apenas tenía 21 años de edad y ostentaba el rango sargento de primera, cuando entra en servicio a las órdenes de Bolívar en Cúcuta. Resulta irónico, que fue el mismo Bolívar quién ascendió a Santander a coronel.
 
10.      Campaña Admirable, Exilio, Páez, Ingleses y AngosturaLa película “Libertador” resume, detalles de la Campaña Admirable. Luego Bolívar parte al exilio, donde es financiado por el banquero Torkington e invade a Venezuela. Hace una especie de reclutamiento y adquiere en sus fuerzas a José Antonio Páez, Urdaneta, Sucre y un pelotón de oficiales ingleses donde se presentan James Rocke y Daniel Florencio O’leary. Finalmente y de manera fugaz proclama la “República de Colombia” frente al pueblo en Angostura.
 
Lo que hubiese sido una interesante porción de la lucha independentista, apenas toma unos pocos minutos. La película titulada “Libertador” decide omitir la epónima proclama en las ciudades de Mérida y Caracas. Hubiese sido interesante ver aquél suceso y que el espectador, venezolano o extranjero entendiera el significado del título de “Libertador”. Podemos decir que la representación cinematográfica de la Legión Británica es bella, salvando algunos detalles. Páez, por el contrario, resultó extraño, con el bicornio napoleónico hace presencia frente a Bolívar con una larga cabellera negra. Su cabello amarillento casi castaño, su piel blanca y su porte llanero, fueron ausentes. Era la imagen de un guerrero influenciado por productores europeos. Quién llegó a ser el teniente Pedro Camejo, en otra escena, hace aparición en la película como un capataz o lugarteniente de Páez, casi sirviente y desnutrido.
 
La importancia del significado del título era necesario enfocarlo en la película, desarrollar el significado e importancia de aquél término y su relación con la obra libertadora. Sobre aquellos sucesos y su importancia, Augusto Mijares dice:
 
“En Mérida fue aclamado Bolívar por primera vez con el título de Libertador. De todos los honores que había de recibir en su carrera, aquél fue el único a que se apegó con orgullo. Solamente la responsabilidad y la gloria de ser Libertador, pudo hacerlo más combativo y constante de lo que por su propia naturaleza era. Así mismo, cuando le tocó atravesar  largos años de angustia y quizá su ánimo llegó a vacilar entre las disensiones civiles que desgarraban a América y, por otra parte, el trono imperial que se le ofrecía como único remedio a aquellos males, la invocación de aquél título fue su salvación. Al rechazar la corona que Páez le ofrecía: <<El título de Libertador es superior a todos los que ha recibido el orgullo humano>>, le respondió en marzo de 1826; y en septiembre del mismo año, ratifica en carta a Santander: <<Libertador es más que todo; y, por lo mismo, yo no me degradaré hasta un trono>>”(15)
 
 
La importancia de explicar el título Libertador, era de referencia obligada al arrebatar el epíteto para la película homónima.
 
11.      El paso a Los AndesLa película se torna más europea en la influencia del conocido Paso a Los Andes. Antes de eso, hay una especie de reunión improvisada, entre Bolívar, Páez, Rocke, O’leary, Urdaneta y Sucre (?) donde planean la invasión a la Nueva Granada su liberación. Aquella reunión tan pobre, donde sus planos se marcan sobre la tierra, degradó al ejército a la condición de guerrilla. El historiador Pedro José Paredes narra que aquella minuta lejos de ser la reunión de pandilleros salvajes:
 
“Bolívar, en macha hacia el Mantecal, quien todo asunto lo consultaba y discutía con su oficialidad, el 23 de mayo convocó a una Junta de Guerra a los Jefes del ejército. Se reunieron en una choza arruinada de la desierta aldea de Setenta, a orillas del río Apure. Se hallaban reunidos Soublette, Anzoátegui, Pedro Briceño Méndez, Cruz Carrillo, Iribarren, Antonio Rangel, el inglés Rocke, Ambrosio Plaza y Manuel Manrique (…)”(16)
 
Nótese que no se encontraban Urdaneta ni Sucre. Urdaneta se encontraba en una campaña contra las fuerzas de Morillo entre Barcelona y Cumaná y el futuro Mariscal en Angustura bajo las órdenes de Bermúdez en Angostura. La película es más osada y los lleva más allá, rumbo a Boyacá.
 
El Páez de la película, en la particular reunión, hace una advertencia a Bolívar de intentar pasar Los Andes porque sería “enfrentar la muerte”. Los Andes son exagerados y ficticios. Qué sorpresa observar tremendos picos apareciendo en cada fotograma de la película. Parecían Los Alpes franceses, Los Himalayas o la Cordillera andina del Aconcagua. Aquí se evidencia de nuevo la pobre investigación histórica y geográfica de la producción.
 
 
 
      
La verdadera cordillera cruzada, fue una pequeña extensión de Los Andes suramericanos, muy pequeña en comparación a los enormes picos, un páramo de relieve y vegetación parecida a los páramos merideños: El Páramo de Pisba.
 
Claramente eso es exagerado en la película, y de unos 3.500 m.s.n.m. que promedia el Páramo de Pisba, es elevado a alturas de 5.000 o 7.000 m.s.n.m. Como si se tratara del Cruce de los Andes del general San Martín, plagan todo de nieve y adornan a Bolívar con la peluda capa Cesárea. No hay chamarras ni ponchos llaneros, ni andinos, sino abrigos casi Escandinavos. Algunos espectadores, familiarizados, gritaron: ¡Game of the Thrones!, más de una vez.
El clima de aquella marcha, según testimonios, fue lluvioso todo el camino y casi tan difícil como el paso al páramo mismo. Al llegar a las poblaciones cercanas a los llanos del Casanare, se encontraron a Santander, que tenía por allí cerca su cuartel general, pero que luego se unió en el paso andino. Pero como en la película Santander era el villano, no podía aparecer en tan importante evento, lo quitan de allí y lo ponen a esperar celoso al Libertador, cerca de Boyacá. Pero, observemos algunos detalles relatados por el historiador Gerar Masur:
 
Siguiendo el consejo de Santander, eligió el alto camino de Pisba como lugar para cruzar. Aquí, desde la cima de Los Andes podía descender a las fértiles llanuras de Nueva Granada. En las mentes de los españoles esta proeza rayaba en lo imposible. Consideraban las alturas de Pisba como imposibles de pasar, y por esta razón los patriotas no encontraron defensas del enemigo. El 4 de julio, Bolívar llegó al pie de este paso, que se eleva a una altura de tres mil metros. El camino, casi borrado por las lluvias, estaba resbaloso. En algunos sitios, grandes bloques de piedra habían caído e interceptaban el camino, y los árboles derribados durante el mal tiempo yacían a lo largo del sendero. Los pocos caballos que quedaban murieron al primer día, fue imposible transportar nada excepto los cañones y los soldados debieron arrojar las raciones para cuatro días. La oscuridad que descendía traía aprehensión y desmayo. La lluvia y el granizo caían constantemente, extinguían las débiles llamas de los fuegos del campamento. Soplaba un viento helado y las tropas escasamente vestidas se helaban hasta la médula. Al día siguiente cruzaron el paso montañoso pero cientos cayeron en el camino y murieron de cansancio. La disciplina había desaparecido; mujeres en la agonía del trabajo producida por el cansancio y el ejercicio retardaban la marcha; oficiales abandonaban sus unidades; los hombre exhaustos debían ser sacudido para que no se cayeran dormidos (…)”(17)
 
 
El Páramo de Pisba. Foto: El Espectador
 
La deprimida participación de Santander en estas jornadas es total omisión en la película, pues su participación como el villano es preparada con alevosía.
 
Tomás Polanco Alcántara cita las palabras de Santander, cuando en su opinión, la dirección que tuvo el Libertador fue determinante para luego recobrar el ejército tras aquella travesía:
 
“El mismo Santander aprecia que la acción personal de Bolívar fue decisiva: "Aquí es donde este hombre se hace superior todos los hombres, desplegando una energía y firmeza extraordinarias. En tres días hace montar la caballería, la arma, reúne el parque y restablece el ejército; por todas partes dirige partidas contra el enemigo, pone en efervescencia a los pueblos, amaga atacar en todas las direcciones (...)" (18)
 
Daniel Florencio O’leary, quién fue uno de los caminantes del Paso, narra entre los sucesos atestiguados:
 

“Sin esperanzas de vencer tan extraordinarias dificultades, y muertos ya de fatiga los caballos, persuadíanse de que solamente locos pudieran perseverar en el intento, por climas cuya temperatura embargaba sus sentidos y helaba su cuerpo, de que resultó que muchos desertasen. Las acémilas que conducían las municiones y armas caían bajo por el peso de su carga; pocos caballos sobrevivieron a los cinco días de marcha y los que quedaban muertos de la división delantera obstruían el camino y aumentaban las dificultades de la retaguardia. Llovía día y noche incesantemente, y el frío aumentaba en proporción al ascenso. El agua fría a que no estaban acostumbradas las tropas, produjo en ellas la diarrea. Un cúmulo de incidentes parecía acumularse para destruir las esperanzas de Bolívar, que era el único a quien se veía firme… Reanimaba las tropas con su presencia y con su ejemplo, hablábales de la gloria que les esperaba y de la abundancia que reinaba en el país que marchaban a libertar. Los soldados le oían con placer y redoblaban esfuerzos” (19)
 
El Paso de los Andes en la serie Bolivar: El hombre de las dificultades de Pedro Montoya
 
12.      Batalla de Boyacá La única batalla importante presentada en la película fue la ocurrida en Boyacá en 1819. Quizá por razones de tiempo y espacio no fueron mencionadas otras batallas importantes. La Batalla de Carabobo de 1821 determinante en la independencia de Venezuela, ni por flashback, como suele hacerse en el cine, hizo aparición. Tampoco la laboriosa Batalla de Junín de 1824.
 
En la representación de Boyacá, lo chocante de ella, más allá de los despampanantes efectos especiales, fue el repugnante desorden del supuesto ejército patriota. Este ejército ausente del rigor de la guerra, lleno de mujeres y niños, terminó de graduar la visión guerrillera de la película “Libertador”.
 
 

El ejército realista se observaba ordenado y con las divisiones de batalla propios de un combate de aquella importancia. El ejército patriota era una sola masa de gente campesina preparada para el exterminio que, bajo lógica, le iba a ocurrir a tan alborotados rebeldes. La batalla se desarrolla entre el desorden y la matanza. Urdaneta aparece de enfermero atendiendo heridos y el combate concluye  con una pelea a empujones por conseguir el puente de Boyacá. El mismo Bolívar estaba empujando realistas en el puente. La película con desbordantes efectos especiales, reducía a cenizas el arte de la guerra del siglo XIX y el orden que pregonaba el verdadero Jefe a sus tropas liberadoras.
 
Bolívar era amante del orden militar. Consideraba determinante la disciplina del ejército para triunfar en cualquier escaramuza. Esto se evidencia en las partes del ejército que a menudo redactaba. La importancia era tal, que para Bolívar fue una de las razones que llevaron a la caída de la Primera República. Escribe en 1813 en el Manifiesto de Cartagena:
 
“De aquí vino la oposición a levantar tropas veteranas, disciplinadas y capaces de presentarse en el campo de batalla, ya instruidas, a defender la libertad con suceso y gloria. Por el contrario, se establecieron innumerables cuerpos de milicias indisciplinadas, que además de agotar las cajas del erario nacional con los suelos de la plana mayor, destruyeron la agricultura, alejando a sus paisanos de sus lugares e hicieron odioso el Gobierno que obligaba a estos a tomar las armas y a abandonar sus familias” (20)
 
En la película, el desorden del ejército indisciplinado, con aspecto de guerrilla o milicia popular es espeluznante. Las divisiones de vanguardia, retaguardia y los batallones de caballería, Infantes, granaderos e ingenieros del ejército, no existieron. Era la mezcla ideológica de “el pueblo en armas”.
 
La heroica batalla, que hoy recuerda memorablemente el pueblo colombiano, tuvo entre sus protagonistas a Santander, como Jefe de la División de Vanguardia, a José Antonio Anzoátegui como Jefe de la División de Retaguardia y Calos Soublette como Jefe del Estado Mayor. Anzoátegui no estuvo en la película, Soublette menos y Santander no se hizo héroe en el puente de Boyacá.
 
El orden del ejército y el comando de Bolívar y sus oficiales, lo describe Tomás Polanco Alcántara así:
 
“En esquema, esa batalla, dirigida por Bolívar, consistió en un ataque frontal, comandado por José Antonio Anzoátegui, al centro de la línea formada por Barreiro con sus batallones, mientras Santander por el Sur y José de la Cruz Carrillo y Hermegildo Mujica por el Norte la envolvían. La fuerza española se dio a la desbandada en un estado de general desorden. Fue una batalla clásica que siguió las buenas reglas del arte militar.”(21)
 
Gerar Masur, narra a partir del parte de batalla redactado por Soublette al día siguiente:
 

“Ese 7 de agosto a las dos de la tarde, ocurrió el encuentro. Barreiro iba a cruzar el puente de Boyacá. La posesión del puente significaba el dominio del camino de regreso a Bogotá, pues aquí convergían la ruta dominada por Bolívar y el sendero lateral por el que marchaba Barreiro. Cuando la vanguardia de Barreiro se acercaba al puente, fue repentinamente atacada por los jinetes patriotas. Creyeron que se trataba de una formación de reconocimiento, y Barreiro ordenó a su vanguardia abrir fuego para limpiar el camino en la marcha de las fuerzas españolas. Pero entonces todas las fuerzas de Bolívar aparecieron en las montañas de los alrededores. Algunos españoles pudieron cruzar el puente, pero el grueso del ejército permaneció a un kilómetro y medio, en la otra orilla. El único pensamiento de Barreiro era lograr que el resto del ejército cruzara el puente, pero los americanos sabían cómo impedirlo. La batalla que se desarrolló entonces consistió realmente en dos encuentros separados. Santander luchó por la posesión del puente. Anzoátegui estaba a un kilómetro de distancia de las laderas de la montaña, con la mayor parte del ejército patriota. Bolívar llegó al campo de batalla sólo después que el encuentro se había iniciado. Aquí también la suerte fue decidida por los llaneros, que cabalgaron por el ala derecha de los realistas. La infantería española se retiró y la artillería fue desmontada. La vanguardia española, que por entonces había vuelto a cruzar el puente, se rindió cuando vio que la batalla estaba perdida. De los tres mil hombres del ejército realista, mil seiscientos fueron tomados prisioneros. Entre ellos estaba Barreiro y su estado mayor. Todo el equipo de los españoles cayó en manos de los patriotas. El propio Bolívar persiguió al resto del ejército que huía. ”(22)


 
Batalla de Boyacá en la serie Bolivar: El hombre de las dificultades de Pedro Montoya
 
En la película aparece, insistimos, el Bolívar guerrillero, esta vez peleando a empujones la cabecera del puente. Pero la descripción de Masur, nos muestra que, Santander, fue el que peleó en la punta por la posesión del puente. El mismo Jefe del Estado Mayor, Carlos Soublette, lo indica en el parte de batalla:
 
“(…) Casi simultáneamente el general Santander, que dirigía las operaciones de la izquierda y había encontrado resistencia temeraria de la vanguardia enemiga, a la que sólo había opuesto sus cazadores, cargó con unas compañías, pasó el puente y completó la victoria.”(23)
 
En correspondencia al Vicepresidente del Congreso, Bolívar destaca una importante virtud, que poseyó Barreiro, el comandante del ejército realista, al dirigir la batalla y que ratifica el apego del Libertador al orden militar del que hemos hablado anteriormente:
 
“El General don José María Barreiro, encargado de su dirección, apura todos sus esfuerzos: mueve todos los resortes del valor y él me ha presentado acciones que faltaban a la República para el lleno de sus glorias... La disciplina de sus tropas, su buena organización, las ventajosas posiciones que ocupaba y la multitud de recursos que oportunamente se habían proporcionado me hizo creer que esta empresa sólo era propia de la intrepidez y del miedo de las armas de la República (…)"
Bolívar al Vicepresidente del Congreso Santa Fe, 14 de agosto de 1819 (24)
 
Ya hemos dicho que los héroes de la Batalla de Boyacá fueron ignorados en la película: Bolívar, Santander, Anzoátegui y Soublette, de los que relata Tomás Polanco Alcántara:
 
“[Las autoridades de Bogotá] acordaron, por unanimidad, declarar "Libertadores de la Nueva Granada" a los participantes en Boyacá, decretaron para Bolívar un triunfo solemne y una corona de laurel y a él y a los Generales Anzoátegui, Santander y  Soublette una cruz de oro y piedras preciosas.”(25)
 
En cambio, introducen en batalla a Antonio José de Sucre y a Rafael Urdaneta en labores de enfermería. Ninguno de los dos estuvieron presentes, pues como hemos comentado antes. Antonio José de Sucre se encontraba en Angostura bajo las órdenes de Bermúdez y cumpliendo labores encargadas por Bolívar. Rafael Urdaneta, también bajo indicaciones de Bolívar, en campaña entre Barcelona y Cumaná asediando varias posiciones realistas
 
El inglés James Rocke es destrozado en la película en esta batalla, y aunque realmente murió en la anterior contienda del Pantano de Vargas, podría entenderse su introducción en el enfrentamiento. Un hecho particular sobre el Rocke describe Masur, que murió días después de la batalla:
 
“(…) Las pérdidas habían sido grandes. La más penosa fue la muerte del coronel Rooke. Durante un ataque con su legión, una bala le destrozó un brazo. Debió ser amputado, y soportó la operación con fortaleza. Cuando el médico, un irlandés, había terminado, Rooke exclamó: “Deme el brazo. ¿Ha visto alguna vez un brazo tan hermoso? El doctor sonrió, pero Rooke insistió. Finalmente tomó el brazo, lo levantó en alto y gritó: ¡Viva la Patria!” “¿Qué país?, le preguntaron. “El que tendrá mi tumba.” Tres días después estaba muerto.”(26)
 
Todo esto hubiese sido en la película, una dedicatoria a los héroes de Boyacá, a la lucha de la guerra de independencia y una vistosa presentación de una gran batalla del siglo XIX.
 

Al llegar a Bogotá, la celebración duró varios días. Y aunque en la película se presentan celebraciones con fogatas y música popular, hubiese sido mejor escuchar las inmortales canciones de La Vencedora y La Libertadora, que hablan del gusto y personalidad de los oficiales y jefes civiles de aquella naciente república. 
 



Pieza tocada en el campo de Boyacá al obtener la victoria y en los días de celebración patriota
 
13.      El banquero Torkington. La introducción de este personaje de ficción debe ser cuidadosamente analizada. Se presenta como un “interesado” en apoyar grandes causas y generoso financiador inglés. En la película, sugiere a Bolívar otorgarle la financiación que necesite para su revolución. Su lema es “Money is fredom”.
 
Ante estas pretensiones, que parecen ser pensadas para compararlas con la geopolítica actual, Torkington representa el “imperialismo económico” y el “capitalismo” de banqueros, que busca invadir las sociedades liberadas con el mercado extranjero. Un cuidadoso detalle hemos de poner sobre las pretensiones de los guionistas y productores con este enfoque puesto, con alevosía. Los tales afirmaron, que el personaje representaba a varios interesados que encontró Bolívar a través de su vida, bajo suposición.
 

Naturalmente, el Bolívar de la película se niega. Invoca un discurso nacionalista y emparentado con ideologías actuales. Llama al pueblo y la soberanía. A medida que transcurren las escenas frente al “capitalista Torkington”, como lo hemos llamado, la manipulación sobre la historia se hace evidente y sobre el pensamiento del Libertador.

 
 





       Si revisamos las correspondencias que se conservan del Libertador, es casi nula existencia de algún contribuyente, interesado voluntariamente y sin motivación, en la lucha independentista. Nadie se ofreció de manera natural a invertir en un proyecto con futuro incierto. De manera contraria, encontramos multitud de documentos, cartas y testimonios, el interés del propio Bolívar en buscar los ansiados recursos y apoyos. Lo hizo como comisionado en la misión diplomática en Londres, luego de la revolución del 19 de Abril de 1810. Lo hizo en Curacao en 1812, Bonaire y Aruba en 1814, Jamaica en 1815, Haití en 1816, y en otras ocasiones a la propia Inglaterra y los Estados Unidos,  por mencionar las fechas corrientes a la película. Aunque pocas veces recibió las ayudas solicitadas, no desistió en aquellas peticiones. De manera que no existe evidencia de “agentes capitalistas interesados en hacer financiación con intereses internacionales”.
 
Podríamos citar algún ensayo sobre los conceptos económicos del Libertador, pero no es el objetivo de la crítica. Tampoco vamos a hacer el análisis económico. Sin embargo, seríamos deshonestos si lo ignoramos completamente.
 
El Libertador, como liberal clásico, era creyente en el libre mercado. Simón Bolívar implantó el libre mercado cuando en la Venezuela española reinaba el monopolio monárquico del mercado colonial y, estos tratados comerciales se asomaban en el horizonte como una solución para el desarrollo nacional. Esto lo podemos evidenciar en muchos sucesos que citaremos más adelante. El libre mercado, creía, debería realizarse con todas las naciones del mundo sin trabas fiscales y sin privilegios para ningún país. Simón Bolívar era liberal, y su educación bajo las obras de Voltaire, el barón de Montesquieu, Locke y Rousseau, se constituyó su importante ideal en el pensamiento suramericano. Constantemente citaba El Espíritu de las Leyes o El Contrato Social, y con ellas, junto con el conocimiento adquirido por la experiencia de la situación venezolana, hacía su recomendación económica a las naciones naciente.
 
Podemos documentar, dentro de las fechas concernientes al nudo película, en tres casos importantes: La misión a Londres, la administración de Venezuela en la segunda república en 1814 y la República de Colombia, la grande.
 
Cuando la américa española sufría el monopolio económico de la España peninsular, el bloqueo comercial impuesto por la corona hacia el mercado con los vecinos ingleses u holandeses, se veía como una necesidad para la Venezuela de aquél entonces, de ampliar la apertura comercial con naciones vecinas. El comercio con Inglaterra, se mostraba como la condición más ventajosa para el mercado nacional; y fue algo entendido para cuando nació la revolución del 19 de Abril. Bajo estas circunstancias viajó Bolívar a Londres en 1810 para, entre otras, tratar el tema comercial.     
 
Indalecio Liévano Aguirre analiza estas circunstancias mercantiles de la colonia, y dice:
 
“España, nación de guerreros con ideales religiosos y de clérigos capaces de audaces empresas militares, recibió el oro del Nuevo Mundo ––que no producía––, como instrumento necesario para conseguir esplendor y bienestar, pero sus empresas militares en el continente y su permanente animadversión por las cosas económicas no le permitieron crearse una industria nacional, ni fomentar las virtudes sociales y familiares que la hacen posible (…)
 
Los defectos a tales deficiencias de la economía española no se detuvieron ahí. Cuando creció la población en América, cuando alrededor de las grandes explotaciones de metales preciosos se formaron las sociedades que darían origen a los grandes virreinatos, y la agricultura tropical proporcionó frutos de exportación como el cacao, el tabaco, el añil y el café…, crearon una demanda de mercancías que España no producía en su territorio, y ello la obligó a organizar el comercio de América en forma similar a como tenía organizado el suyo; permitiendo la importación a América de las manufacturas extranjeras pero en sus propios navíos y a través de la Casa de Contratación de Sevilla. Por largo tiempo tal estado de cosas se desenvolvió dentro de una relativa normalidad, porque España encontró para el monopolio comercial total sometimiento en el Nuevo Mundo; porque los países europeos, cuyas manufacturas la Casa de Contratación enviaba a América ––Francia y Holanda espacialmente––, lo aceptaron con resignación, a pesar de los altos impuestos que debían pagar (…)” (27)
 
El control del monopolio comercial y los controles económicos, creó, naturalmente, un mercado contrabandista y paralelo, que muchas veces fue usado por las naciones rivales para poder acercarse a la América colonial.
 
“En un principio, el contrabando encontró muchas dificultades, pero con el tiempo fue progresando y llegó un momento en que las autoridades coloniales concluyeron tolerarlo, porque, azotada España por continuas crisis económicas y estorbando su comercio por piratas y bucaneros, las mercancías enviadas a las colonias resultaban siempre insuficientes para la creciente demanda y el nivel de precios de la metrópoli hacía cada vez menos remuneradora la venta, en sus mercados, de los frutos americanos y mayor la tentación para los productores de venderlos a contrabandistas ingleses y holandeses. Tales fueron los hechos que obligaron al Gobierno español, alarmado por el progreso del comercio británico en América, a dar la real orden del 20 de abril de 1799, la cual prohibía el intercambio comercial con las colonias vecinas de otra nacionalidad. Pero como esta disposición real no contemplaba las verdaderas causas del rápido incremento del contrabando, las mismas autoridades de América no tardaron en solicitar su aplazamiento.”(28)
 
¿Pero cuál era la solución a tal control económico, que ahogaba la producción nacional y gemía a gritos el desarrollo? La respuesta estaba en las ideas liberales nacidas en Francia e Inglaterra: el libre comercio, que había traído integración económica entre las naciones europeas y desarrollo económico.
 
En pleno entendimiento de estas razones, Bolívar llega a Londres en 1810, comisionado junto a Andrés Bello y Luis López Méndez a mediar un reconocimiento de Inglaterra a la revolución nacida el 19 de Abril. No pretendemos analizar las razones del 19 de Abril ni los objetivos de la misión diplomática, sino el uso del Libertador del recurso económico para obtener el apoyo inglés a la causa revolucionaria. Leamos el análisis que hemos resumido del historiador Tomás Polanco Alcántara en su “Bolívar: Una interpretación biográfica a través de sus documentos”:
 
“(…) Por su parte el Marqués, ante la oposición española al libre comercio con América, que tanto le interesaba a Inglaterra observaba en la actitud venezolana una posibilidad diferente para obtener el mismo fin, pues podría lograr, por esa vía, lo que le era difícil alcanzar en Cádiz (...) Estaba más convencido de la necesidad británica de obtener de España que el libre comercio con Hispanoamérica no estuviera limitado al tráfico a través de Cádiz, como lo proponían los españoles, sino se mantuviese en forma libre, pues de otra manera el contrabando continuaría su curso.
 
Bolívar observó que "el Ministro pareció por grados hacerse más accesible a nuestras pretensiones". ¿Por qué esa apertura? Dos argumentos presentados por Bolívar causaron efecto en el Marqués. El primero fue la indicación precisa de lo útil que sería para Gran Bretaña la apertura de nuevos mercados en América (…)
 
Quizás aprovechando la aproximación que le dio su primer argumento, Bolívar, como segunda parte de su alegato, hizo notar al Marqués el peligro que significaba para todos la disimulada y efectiva presencia en América de personajes desafectos a la Corona española y de notable cercanía a Francia. De esa manera Bolívar logró desviar la conversación del tema original, que era la ilegalidad del Consejo de Regencia, inconveniente políticamente y desagradable para el Ministro, hacia otros temas de profundo interés común como serían nuevos mercados comerciales y la neutralización de influencias directas de Francia en América. Partiendo de ese interés común, la conversación terminó en una triple estipulación por parte de Inglaterra que significaba el triunfo de la Misión venezolana y en particular de su Jefe Simón Bolívar.
 
Por de pronto, Inglaterra si bien no aprobaba lo hecho en Venezuela, "tampoco tomaría la medida de desaprobarlo porque ni era su deber ni tenía interés en ello". En segundo lugar, fue establecido que se conservarían las relaciones de amistad y comercio entre los vasallos de su Majestad y los habitantes de Venezuela y por último que la Escuadra inglesa no hostigaría a las autoridades venezolanas. Adicionalmente, Inglaterra podría mediar entre España y las nuevas autoridades venezolanas. Ese acuerdo significaba que, partiendo de una actitud totalmente negativa, Bolívar logró la no desaprobación inglesa, la apertura del comercio, la neutralidad de la Escuadra británica y la posible mediación inglesa (…)”(29)
 
La apertura comercial al libre mercado fue uno de los éxitos obtenidos por Bolívar y la comisión diplomática en Londres en 1810, entendiendo la necesidad de ésta para la América libre que nacía.
 
Otro suceso citaremos, en la preferencia de Bolívar por la apertura comercial, como salida a la crisis económica de la Venezuela colonial por los controles y monopolio de España. Al llegar a Caracas, luego de la prolongada y exitosa Campaña Admirable en 1813, Bolívar se asesora para la ordenación de la República y nombra en los cargos ejecutivos a los más preparados para las labores administrativas.
 
El historiador Pedro José Paredes, en “Los Pasos del Libertador” narra los sucesos de aquellos días así:
 
“Al siguiente día, sin dar reposo a su cansado cuerpo, se entregó en Caracas a la ardua y compleja tarea de la restitución política de Venezuela. El mismo 7 de agosto escribió a los comisionados en Londres: Licenciado Luis López Méndez y el bachiller Andrés Bello, encomendándoles informar al gobierno británico los resultados de la exitosa campaña y el objetivo del nuevo gobierno de proclamar comercio libre con todas las naciones y llamar a los extranjeros a establecerse en el país (…)”(30)
 
Vicente Lecuna, en su “Catálogo de errores y calumnias en la historia de Simón Bolívar”, dice también:
 
“Cuando Bolívar llegó a Caracas vencedor en 1813, decretó comercio libre con todas las naciones, sin conceder ninguna rebaja a las importaciones de Inglaterra”(31)
 
Tomás Polanco Alcántara dice:           
 
“La economía hubo de ser atendida mediante intentos de fomento de la actividad agropecuaria, de la exportación de bienes y la búsqueda de mano de obra técnica. Por la importancia que el tema adquirió en su actuación personal conviene hacer especial análisis del tratamiento que dio Bolívar a las relaciones exteriores. La diplomacia americana tenía, por lo tanto, que buscar apoyo en ese interés inglés y lograr su ayuda para defender la Independencia. La oferta de un libre comercio con América, negado por España y que Inglaterra estaba deseosa de obtener, sería el argumento complementario de esa política.”(32)
 
También comenta otros sucesos de la política exterior del Libertador en favor del libre comercio. En Carúpano en 1816:
 
Bolívar no olvida las relaciones internacionales. Ya, desde Carúpano escribió, el 12 de junio, al Almirante jefe de las fuerzas inglesas en Barbados comentándole la buena amistad entre Venezuela y Gran Bretaña, el libre comercio con barcos ingleses y rogándole protección para los barcos que llevasen bandera venezolana.”(33)
 
Es importante marcar, la administración de la naciente Colombia, después de la llegada triunfante de Bolívar a Bogotá, tras la victoria en Boyacá, que emula a la antigua Segunda República de Venezuela en el comercio exterior:
 
“Al constituirse la República de Colombia, en la forma provisional que estableció la ley de Angostura, Bolívar como Libertador-Presidente tenía en sus manos la conducción política del nuevo Estado, la dirección de la guerra y, a través de los Vice-Presidentes, el manejo administrativo de los dos Departamentos, el de Cundinamarca y el de Venezuela.
 
Esas funciones debían ser ejercidas de modo equilibrado y armónico. Eran la primera gran prueba que enfrentaría Bolívar como hombre de Estado y de Gobierno, ya no en el papel de crear una República, sino en el de conducirla.
 
Especial cuidado requirió establecer un sistema de libre comercio con Chile, Buenos Aires, Estados Unidos y las posesiones británicas, con un impuesto del diez por ciento para todo producto extranjero traído al país sin ser material de guerra.” (34)
 
Desde luego, no podemos hablar apresuradamente de unas políticas económicas deliberadas. Bolívar conocía sus riesgos y ante ellos, planteaba sus defensas. El monopolio económico de las grandes naciones europeas y el predominio de los grandes comerciantes sobre los pequeños, era de atención. Ante esta realidad suramericana, Bolívar hace un paréntesis en sus ideas liberales y se aleja del liberalismo antiestatista. Plantea la idea del estado fuerte que proteja al indefenso, al pequeño comerciante y observe el libre mercado con todas las naciones del mundo, a través del surco de las leyes nacionales. Bolívar era moderado entre la política y la economía, paladín del equilibrio social.
 
No sin embargo, dejó atrás su política económica del libre mercado surcado por las leyes de la igualdad. Dice Pedro A. Zubieta, en sus “Apuntaciones sobre las misiones diplomáticas de Colombia”:
 
“En vista del tratado de amistad, libre comercio y navegación celebrado en abril de 1825 entre Colombia y la Gran Bretaña, se habían estipulado que no se cobraría a las producciones o manufacturas de los dominios de Su Majestad Británica otros derechos que los que pagaron, con arreglo a las leyes de Colombia, las mismas producciones o manufacturas importadas por los buques Colombianos. Los Estados Unidos se hallaban en las mismas condiciones favorables, en virtud de haber celebrado una convención general de paz, amistad, navegación y libre comercio con Colombia”  (35)
 
El equilibrio fiscal de Colombia, también era de preocupación, en el final de los años dorados de gran nación Colombiana, por razones del gasto militar y el costo de la guerra. En carta enviada a los diputados de la Convención de Ocaña en 1828, Bolívar argumentaba, entre otras cosas, las causas de la crisis de Colombia:
 
“Destruida la seguridad y el reposo, únicos anhelos del pueblo, ha sido imposible a la agricultura conservarse siquiera en el deplorable estado que se hallaba. Su ruina ha cooperado a la de otras especies de industria, desmoralizando el alberge rural, y disminuyendo los medios de adquirir, todo se ha sumido en miseria desoladora… El comercio exterior ha seguido la misma escala que la industria del país; aún diría, que apenas basta para proveernos de lo indispensable; tanto más que los fraudes favorecidos por las leyes y por los jueces, seguidos de numerosas quiebras… Y ¿qué comercio habrá sin cambios y sin provecho?”(36)
 
Dudamos que el Liberador rechazara un contrato comercial en la Colombia naciente, y que las pretensiones de un personaje de ficción como Torkington se hicieran manifiestas. La manipulación del personaje en la película, para presentarlo emparentado por la geopolítica capitalista moderna, es despreciable. Su introducción en la película es claramente influenciada por las ideas predispuestas de los productores.
 

“También soy Liberal; nadie lo creerá, sin embargo”, le escribía a Sucre en 1829, un año antes de fallecer.
 
14.      Santander en la Conspiración Septembrina.    Francisco de Paula Santander, el enemigo por excelencia de las pasiones y especial de la película, toma partida una vez más en un suceso antibolivariano. La conspiración contra el Libertador el 25 de septiembre de 1828 ha sido uno de los eventos más discutidos y rebatidos en la historia colombiana. Muchas pasiones y sentimientos se hayan entre los lectores de aquellas horas. Unos ensañados contra la figura de Santander y su posible participación, muchas veces sentenciada, y otros, defensores acérrimos de éste.
 
           La película “Libertador” presenta a Santander como el villano desde el comienzo, el egoísta celoso del mando de Bolívar y en un estorbo para la realización del sueño bolivariano, más al final, hace su apogeo como el magnicida fallido de la noche Bogotana.
 
                Es interpretación de los productores la ensañada rivalidad santanderiana desde su aparición. No creemos conveniente que se hiciera una interpretación desenfrenada y particular de las relaciones de Bolívar y Santander. Por el contrario, creemos que en honor a la amistad que se aclamaron mutuamente en la mayor parte de su vida, debían mostrarse el sincero sentimiento de admiración que tuvieron los años que se escenificaron en la película.
 
               Al finalizar la Campaña de liberación de la Nueva Granada y la victoria en Boyacá, al iniciarse el gobierno de Colombia y las primeras campañas de Bolívar al sur, se muestran las mutuas manifestaciones de respeto entre estos dos grandes hombres. Augusto Mijares escribe en su biografía del Libertador:
 
“…Comienza también desde entonces el Libertador a enaltecer apasionadamente al joven general granadino Francisco de Paula Santander, a quién había confiado el mando de la vanguardia durante el Paso de los Andes. Después de la victoria de Boyacá, lo encargó del gobierno de la Nueva Granada con el título de Vicepresidente; en el momento de dejar Bogotá para regresar a Angostura, manifestó a los granadinos en una proclama: <<Yo no me aparto de vosotros, yo os dejo en Santander otro Bolívar>>.
 
 Santander, desde luego, se mostraba adicto a Bolívar. <<No sé cómo dar a Ud. las gracias ––le escribe al Libertador––  por todo lo que Ud. hace y dice de mí. Si, como Ud. dice, yo lo he colmado de favores, yo también diré, con más verdad, que Ud. me ha colmado de gratitud, ¿cuáles son preferibles, los actos del poder o de la virtud? ¿No son mejores los últimos?: pues Ud. me ha ganado>>” (37)
 
              La visión parcializada de esta amistad mostrada en la película, no daba paso para mostrar el respeto y admiración entre hombres de leyes.
 
            Volviendo a los hechos de septiembre de 1828 y bajo el amparo de la evidencia, no existe documentación, como veremos, que comprometa a Santander, completamente, como parte de los conspiradores del 25 de septiembre. Aunque sin embargo, es bastante ostentada la evidencia del conocimiento de Santander sobre la cobarde conspiración con la responsabilidad que  esto conllevaba.
           
                  Tomás Polanco Alcántara, sin dejarse llevar por las pasiones y con su característico género ensayista, analiza las circunstancias que rodearon a la conspiración de septiembre y el lugar de Santander en ella:
 
 “El proyecto de conjura fue organizado de una manera simple. Consistía en apresar a Bolívar el 28 de septiembre, en la Legación de México, en donde ese día iba a ser celebrado un baile. Los militares con que contaban completarían la acción, especialmente el coronel Guerra por su posición de Jefe de Estado Mayor. Una vez depuesto Bolívar, el mando sería entregado a Santander como autoridad legítima constitucional.
 
 Varios problemas de distinto orden tenían que ser resueltos. El primero era si Santander debía o no participar en la conspiración o al menos ser informado de ella. Dice González que fue comisionado para hablar con el General acerca de lo que se consideraba. Existen cuatro versiones directas de esa entrevista. La primera dada por Florentino González cuando fue enjuiciado. La segunda, la que proporciona el mismo González hacia el año de 1853 en sus Memorias.  La tercera, la del propio Santander en el juicio contra su persona. La cuarta, la que redactó Santander en sus Apuntamientos, publicados en 1837. Todas coinciden en que Santander no fue el autor del proyecto de conspirar contra el régimen instalado en agosto de 1828 y que se negó a aceptar tanto su participación como la jefatura del movimiento. Advierte González, en su declaración del 1 de noviembre, que Santander fue categórico al contestarle que el ambiente político nacional no era propicio para una solución semejante.
 
Ante la actitud de Santander los revolucionarios consideraron oportuno seguir adelante con o sin él.  Los conjurados eran casi todos jóvenes carentes de experiencia política, de formación revolucionaria y de prudencia táctica. No es posible saber hasta dónde llegaron en sus verdaderos planes, pero sí que, en medio de ánimos caldeados, surgió enseguida el proyecto de asesinar a Bolívar. Fue obra del Comandante Pedro Carujo, ya comprometido en la conjura.

El aspecto históricamente más delicado no es la conspiración que fracasó, tampoco el frustrado magnicidio, sino tratar de determinar hasta dónde tomó parte Santander en aquel asesinato moral  Hay que examinarlo de un modo riguroso, inflexible, objetivo y serio, con base en lo que dicen los testimonios que figuran en los expedientes.
 
 El mismo día de los acontecimientos fue arrestado Santander en la plaza de la Catedral, al poco de haberse encontrado allí con Bolívar. El 7 de noviembre siguiente el Tribunal lo condenó a muerte. Cuatro días más tarde Bolívar, oído el dictamen del Consejo de Ministros, le conmutó la pena de muerte por la de destierro. El Juez de la Causa fue el General Rafael Urdaneta junto con el Auditor General Tomás Barriga. El 21 de octubre, Urdaneta explica que "nadie duda que Santander era el alma del negocio; pero que el plan estaba en tal forma concebido, que casi no se conocían entre sí los agentes". Iban apareciendo como autores principales Luis Vargas Tejada y Carujo, fugados y Florentino González "que todo lo niega".
 
(…) El Consejo de Ministros, luego de estudiar el caso y la sentencia, anotó que "no está bien probado que Santander tuviese parte en el proceso específico del 25 de septiembre" (…)
 
 El Libertador acogió la opinión del Consejo. Urdaneta se disgusta tanto que renuncia a su Secretaría. El estudio conjunto del dictamen del Consejo y de la sentencia, hace ver que, a pesar de la manera como el proceso fue conducido y de su rapidez, la falta de pruebas indica que existió la convicción general de que Santander no tomó parte en los sucesos del 25 de septiembre y que no tuvo conocimiento de ellos sino hasta después de acontecidos.

(…) Según el mismo Carujo en sus declaraciones, cuando Florentino González informó a Santander de la existencia de la conspiración, éste se opuso a ella, no la aprobó y advirtió que fracasaría; que ni él ni los directivos de la conspiración deseaban que Santander participara en ella; que Santander se había opuesto a todo intento de asesinar a Bolívar e incluso hizo desbaratar el proyecto de asesinarlo mientras estaba de paseo en el vecino pueblo de Soacha. (46) Lo afirmado por Carujo obligó a interrogar a González. Según éste, Santander no consideraba oportuna una Revolución, tampoco quería participar en ella y mucho menos capitalizarla y, en todo caso, exigía a los conspiradores que, si iban a hacer algo, lo hicieran después de haber salido él del país. Si el nuevo gobierno que resultare o el pueblo exigía su presencia, regresaría. Añadió que Bolívar disfrutaba, por los momentos, de un gran prestigio y por tanto todo movimiento contra él tendría que esperar el desengaño derivado del fracaso de los planes que presentaba.
 
 En ambas declaraciones está la clave de la responsabilidad imputada a Santander. No debe ignorarse, tampoco Santander lo negó nunca, que fue informado de la existencia de la conspiración, pero todos los participantes coinciden con él en aclarar que no la inspiró ni tampoco estaba dirigiéndola. En ningún caso y por ninguna razón, Santander habría decidido denunciar ante el gobierno la conspiración de la cual tenía conocimiento.” (38)
 
La personificación de Santander en “Libertador” es deliberadamente manipulada, llevándose como un villano y magnicida fallido.
 
La larga amistad de Bolívar y Santander, las discrepancias políticas de ambos y el turbulento final de sus relaciones, son tema de cuidadoso análisis que jamás podrán ser representadas de manera veraz en el cine, sin que algún productor se parcialice apasionadamente a una interpretación personal de los hechos.
 
 

15.      Últimos días y muerte. No existe debate sobre el mayor impacto controversial de la película: Bolívar es asesinado. La película termina con una declaración: “Bolívar es asesinado el 1 de diciembre de 1830 y oficialmente se anuncia el 17 del mismo mes”. El resto fue una historia inventada por sus asesinos, con una muerte por asesinato y demás.
  
        
            Otra historia calumniosa fue la relacionada a José Palacios. El pobre mayordomo y fiel sirviente del Libertador es reducido a la hipócrita imagen de un traidor.  A la memoria de este muchacho, quedará la nota marginal de que fue un traidor, a juicio de un guionista y un director. La importancia de José Palacios en la vida de Bolívar fue sentimental. Al punto que en su testamento, dictó: 
 
Es mi voluntad: que de mis bienes se le den a mi fiel mayordomo José Palacios la cantidad de ocho mil pesos, en remuneración a sus constantes servicios.“(39)
 
Antes entrar en lo concerniente a la teoría, la película inventó varios sucesos antes de su muerte. Uno de ellos, ya en 1830, O’leary le informa que ya está planeada la invasión a Caracas, pues “ya está cercada”. Un libro de historia de bachillerato tiene la información suficiente para desmentir esta fábula. En Caracas ya se respiraban aires de libertad. Después absoluta  expulsión de los españoles del territorio venezolano en el año 21, los nuevos movimientos de los republicanos Departamento de Venezuela eran de otra naturaleza. ¿Cómo van a tener sitiada Caracas si allí estaba en gobierno regional el general Páez?
 
            Como si no fuera suficiente, traicionado y secuestrado en Cartagena antes de abordar el barco hacia Venezuela. Termina la película con el “Libertador” pidiendo a grito abierto: ¡Disparen!
 
¿De dónde nació esta teoría conspiradora?, ¿Dónde quedó la historiografía y la evidencia de los últimos años del Libertador?, ¿Dónde quedó el trabajo de impecables historiadores venezolanos? Los productores anunciando su película como una obra de la investigación histórica, siguen una teoría calumniadora y embustera.
 
La muerte por asesinato, llena de secretos, masones e intereses oscuros fue popularizada a mediados del año 2008 por el pseudohistoriador Jorge Mier Hoffman, promotor en su libro “La carta que cambiará la historia”. Mier Hoffman, que se presenta como el descubridor de la historia secreta en una supuesta carta de Bolívar a Fanny du Villars, fue refutado por historiadores de importantes academias nacionales. Una entretenida protesta ante la teoría conspiradora de Mier Hoffman, la realizó el cronista de Maracaibo, a través de un conocido portal y desde el mismo lado del rin ideológico, en cuatro artículos IIIIII, IV.
 
¿Qué tan posible es esa teoría? No vamos a desglosar el libro del mencionado psudohistoriador, sino citar algunos hechos que confirman la muerte del Libertador luego de una prolongada enfermedad: los primeros síntomas presentados en Pativilca en 1824, los testimonios a su condición médica por sus contemporáneos, el detallado informe del doctor Próspero Reverend y José María Vargas y el estudio forense realizado en la exhumación de los restos del Libertador en 2012.
 
Los primeros síntomas del Libertador se presentaron prematuramente por la continua agitación de la guerra. Primero, el desgaste físico. El oficial inglés Hippisley, escribió sobre la apariencia de Bolívar en 1819: El general Bolívar tiene una apariencia poco interesante, y, o contando sino 38 años, aparenta 50
 
En Pativilca en 1824 y en medio de la campaña del Perú, Bolívar había presentado una  recaída de salud casi de gravedad. Es casi la primera vez que presenta los síntomas de la profunda enfermedad. Don Joaquín Mosquera, que regresaba de Chile cuando Bolívar se encontraba en Pativilca, describe su impresión a la situación de salud del Libertador:
 
 “Seguí por tierra a Pativilca y encontré al Libertador ya sin riesgo de muerte del tabardillo, que había hecho crisis, pero tan flaco y extenuado que me causó su aspecto muy acerba de pena. Estaba sentado en una pobre silla de vaqueta, recostado contra la pared de un pequeño huerto, atada la cabeza con un pañuelo blanco y sus pantalones de jin, que me dejaban ver sus dos rodillas pontiagudas, sus piernas descarnadas, su voz hueca y débil y su semblante cadavérico. Tuve que hacer un grande esfuerzo para no largar mis lágrimas y no dejarle conocer mi pena y mi cuidado por su vida…”(40)
 
La situación del Libertador se agravaba conforme pasaban los años. Ya en 1829 y comienzos del 1830, su enfermedad se agudiza. Luego de renunciar ante Congreso en febrero de 1830, se despide de las calles bogotanas con el semblante triste y desgastado.  Leyendas cuentan que la multitud lo despedía al grito de “¡Longanizo!”. Joaquín Posada Gutiérrez que lo vio por aquellos días, en sus Memorias dice:
 
“Cuando Bolívar se presentó, yo vi derramarse algunas lágrimas. Pálido, extenuado, sus ojos tan brillantes y expresivos como sus bellos días, ya apagados; su voz honda apenas perceptible, los perfiles de su rostro, en fin, todo anunciaba en él, excitando una vehemente simpatía, la próxima disolución de su cuerpo”(41)
 
Bolívar se dirige a Cartagena para exiliarse en el exterior. Demuestra sus frustraciones a sus amigos a través de cartas que evidencian el estado de su salud. Gerar Masur describe la situación mental y física mientras estaba de viaje:
 
 “En Soledad sigue hasta comienzos de noviembre. Se negaba a tomar medicinas y mientras el calor de la zona le molestaba muchísimo, temía que las regiones frías vecinas pudiesen perjudicar su reumatismo. Duda incluso poder hacer el viaje. Le duelen el bazo y el hígado. Llega a pensar que moriría, pero insiste en no querer tomar medicamentos.
 
Wilson, profundamente adolorido, informa a O’Leary: "Está tan débil que apenas puede atravesar el cuarto; no hay duda de que su mal proviene de gran sufrimiento mental que ha hecho aumentar de manera alarmante su habitual enfermedad biliosa y le ha convertido en un verdadero hipocondríaco; mucho, mucho me alarma su estado. No hay que pensar que, por ahora, pueda tomar parte en la cosa pública, él está física y moralmente impedido". Los pensamientos más negros y "menos cortésmente expresados" lo afligen. Está tan débil que el 6 de noviembre se cae de sus propios pies y quedó en el suelo medio muerto. Esperaba mejorar con un pequeño viaje de mar.”(42)
 
    En Cartagena, continúa achaques. Relata Tomás Polanco Alcántara:
 
 “Los últimos días en Barranquilla fueron particularmente dolorosos: "he perdido hasta la esperanza... una debilidad suma... achaques diferentes me tienen en estado de desesperación que me hacen ver la vida con disgusto... la tos me atormenta día y noche..."(43)
 
Y al llegar a Santa Marta:
 
  “El diario del Dr. Alejandro Próspero Réverénd describe al enfermo, que llegó a Santa Marta a bordo del Bergantín Manuel, enviado por el general Montilla a petición del mismo Bolívar: "bajado en silla de brazos por no poder caminar, cuerpo flaco y extenuado, semblante adolorido, ánimo inquieto, voz ronca, tos profunda, impresión de padecimientos morales".

Al día siguiente lo examinaron conjuntamente el Dr. Réverénd y el Dr. M. Night, cirujano de una goleta de guerra americana que estaba en el puerto y fijaron el tratamiento: narcóticos, expectorantes y quinina.
 
“El enfermo luce con rostro amarillo, duerme apenas dos o tres horas, se resistía a comer, con dolores en el pecho que pasaban al costado derecho. Algo se recupera porque el 6 de diciembre logra ir hasta la quinta de San Pedro.”(44)
 
El Dr. Blas Bruni Celli, individuo de número de las Academias Nacional de la Historia y Nacional de Medicina, recopila la situación de aquellos días.  Es en Cartagena, cuando Bolívar se entera de la muerte de Sucre, y no antes, como se hace ver en la película.
 
 “Continúo en mi resolución de irme a Europa”, le dice a José Felix Blanco  el 3 de mayo: “...Mañana parto para Cartagena con ánimo de salir fuera del país, o quedar en él, según las circunstancias, dice a Santa Cruz el 7 de mayo siguiente. El 11 le escribe a Gabriel Camacho: “Al fin he salido de la Presidencia y de Bogotá, encontrándome ya en marcha para Cartagena con la mira de salir de Colombia y vivir donde pueda”. Y en esta misma carta agrega: “no sé todavía a donde me iré, por las razones dichas no me iré a Europa hasta no saber en qué para mi pleito y quizás me iré a Curazao a esperar su resultado o sino a Jamaica”.
 
El 26 de mayo desde Turbaco comunica al prefecto Juan de Dios Amador: “... he llegado hoy aquí con el ánimo de irme fuera del país”. A José Fernández Madriz desde Turbaco el 31 de mayo le anuncia: “No sé si me iré para Inglaterra pues espero mi pasaporte”. En la carta a Camacho del 11 de mayo expresaba: “estoy decidido a no volver a servir a mis ingratos compatriotas. La desesperación sólo puede hacerme variar de resolución. Digo la desesperación al verme renegado, perseguido y robado por los mismos a quienes he consagrado veinte años de sacrificios y peligros. Diré, no obstante-, que no les aborrezco, que estoy muy distante de sentir el deseo de venganza, y que ya mi corazón les ha perdonado, porque son mis queridos compatriotas y, sobre todo, caraqueños”.
 
 El día 2 de octubre le dice a Urdaneta, quien ya ha sido nombrado Presidente: “Yo he venido aquí un poco malo, atacado de los nervios, de la bilis y del reumatismo. No es creíble el estado en que se encuentra mi naturaleza. Está casi agotada y no me queda esperanza de restablecerme enteramente en ninguna parte y de ningún modo”. La noche del 2 de octubre de 1830 fue de un invencible desvelo. En Turbaco pasa los meses de octubre y noviembre, pero su salud sigue empeorando y sus edecanes resuelven llevarlo de nuevo a Cartagena y de aquí a Santa Marta, a donde ya se ha adelantado Mariano Montilla para preparar su recepción.
 
En el Bergantín “Manuel”, procedente de Sabanilla, llega a Santa Marta el 1 de diciembre a las 7 y media de la noche. Mariano Montilla lo espera junto con el médico que ha llamado para atenderlo. En el propio muelle lo recibe Reverend quien lo acompañará hasta el último momento. “Cuerpo muy flaco y extenuado —dice el Boletín de Reverend—. El semblante adolorido y una inquietud de ánimo constante”. El día 6 fue trasladado a la Quinta de San Pedro “donde llegó bastante contento del viaje que decía le había aprovechado, pues lo condujeron en berlina”.
 
  • Diciembre 8: “la calentura le dio con más fuerza, le entró también el hipo con más frecuencia y con más tesón”.
   • Diciembre 9: “Por la tarde se recargaron la males, pero solamente de noche se le notó el delirio A pesar de tener algún trabajo en expresarse, gozaba enteramente de su juicio.
    • Diciembre l0: “Dos o tres horas de sueño en las primeras de la noche y con alguna inquietud. El resto de ella lo pasó desvelado, conversando solo y de consiguiente deliraba”. Vámonos, vámonos. Esta gente no nos quiere en esta tierra. Vamos muchachos. Lleven mi equipaje a bordo de la fragata.  Los diversos Boletines diarios que emitía Reverend eran cada vez más angustiosos.
    • Diciembre 17, siete de la mañana. “Todos los síntomas están llegando al último grado de intensidad: el pulso está en el mayor decaimiento; el facies está más hipocrático que antes: en fin la muerte está próxima”.  Y añade Reverend: “Me senté en la cabecera, teniendo en mi mano la del Libertador, que ya no hablaba sino de un modo confuso. Sus facciones expresaban una perfecta serenidad: ningún dolor o seña de padecimiento se reflejaba en su noble rostro. Cuando advertí que ya la respiración se ponía estertorosa, el pulso trémulo, casi insensible, y que la muerte era inminente, me asomé a la puerta del aposento, y llamando a los generales, edecanes y los demás que componían el séquito de Bolívar: Señores, exclamé, si queréis presenciar los últimos momentos y postrer aliento del Libertador, ya es tiempo. Inmediatamente fue rodeado el lecho del ilustre enfermo, y a pocos minutos exhaló su último suspiro”(45)
           
En aquellos días agónicos, el Libertador estuvo acompañado de sus leales oficiales General Mariano Montilla, General José Laurencio Silva, General José de la Cruz Paredes, el Coronel  Belford Wilson, el Capitán Diego Ibarra, entre otros. También hacía presencia su sobrino Fernando Bolívar, el doctor Alejandro Próspero Reverent y Joaquín de Mier, dueño de la casa.
 
               El doctor Próspero Reverent, médico de cabecera, detalló en una serie de informes médicos, el estado de salud del Libertador. En total, 33 informes escritos en francés, y con la más rígida metodología del registro médico. El libro incluía detalles de la posterior autopsia que fueron conservados por el mismo médico. En 1842 doctor Reverent prestó colaboración en la identificación de los restos Libertador. Se entrevistó con el doctor José María Vargas, el encargado de realizar otra autopsia al cuerpo deteriorado y prepararlo en la urna donde habría de reposar en su tierra natal.
 
                Si la teoría conspiradora fuese real, ¿Mentiría Fernando Bolívar la muerte de tu apadrinado tío?, ¿Fuese manipulado el testimonio de tan insignes oficiales? La evidencia, toda la evidencia de manera abrumadora concluye, innegablemente, la muerte del Libertador en Santa Marta.
 
El 10 de diciembre, el Libertador dicta su testamento, de entre los cuales, ordena la remuneración monetaria a los servicios de José Palacios. El testamento ha sido revisado con el rigor histórico necesario a través de los años. Tomás Polanco Alcántara, concluye del documento:
 
 “La firma del documento es perfectamente clara. Podría decirse que cuidadosamente clara La rúbrica trata de ser la misma suya, aunque un poco vacilante. Mantiene la costumbre de separar la "B" de Bolívar de la "o" y las dos letras últimas "ar" de las cuatro anteriores. Firma con el nombre completo, con el mismo tipo de "S" en el nombre sin el acento en la "o"” (46)
 
             Luego, analizando metodológicamente la documentación de los días en cuestión, continúa:
 
    “Ese día 10 también dictó y firmó su "última proclama" a los colombianos; un documento de tres párrafos, en el cual los sentimientos fundamentales son: el profundo dolor que siente por la duda planteada sobre la sinceridad de su conducta; la consolidación de la República con la disciplina cívica, la actitud espiritual y la defensa de las garantías sociales y la oferta de su muerte como contribución al cese de las divisiones y la consolidación de la Unión.
 
El día 11 no fue tan angustioso como los anteriores. Aprovechó para escribir su última carta dirigida a Justo Briceño, a quien insiste en la recomendación de sofocar sentimientos personales, entenderse con Urdaneta y evitar la anarquía.
 
El cuerpo se iba deteriorando cada día más. Es inútil detallar los síntomas que el médico describe cuidadosamente. El paciente oscila entre momentos de tranquilidad, en los cuales conversa serenamente, el consumo de algunos alimentos suaves y momentos de dolor, diversos trastornos y modorra, síntomas negativos que se agravan día a día.
 
El 13 se siente incómodo en la cama y pasa a la hamaca y viceversa. Calor en la cabeza y frío en los pies. Pulso regular, dificultades para hablar. El 14 sigue peor. Semblante abatido y sopor casi continuo.  El 15 y el 16 la situación se agrava hora a hora. El 15 el médico escribe: "no hay ninguna esperanza de salvar la vida de S.E.".
 
El 16 amanece en el último estado de postración. El médico escribe: "es la lucha extrema de la vida con la muerte".  El 17 los síntomas están llegando al último grado. La respiración anhelosa y el aspecto del rostro   indican la proximidad inmediata del fin que llegó a la una de la tarde.” (47)
 
La iconografía del Libertador en aquellos meses, muestra también la condición física, tal como la de José María Espinoza y otros. La abrumadora evidencia sobre el estado de salud del Libertador, que hemos tratado de resumir, es concluyente.
 
¿Qué podemos concluir de la teoría de Mier Hoffman? Que fue hecha con el más mediocre criterio metodológico de investigación histórica. La producción de Libertador prefirió citar a un pseudohistoriador de dudosa vocación, que a los más destacados académicos.
 
Hoffman, o la teoría del asesinato podrían tener una excusa donde apoyarse: No se había realizado un estudio modernamente científico y que fuese concluyente respecto a los restos del Libertador. En 2010, se realizó una exhumación a los restos de Simón Bolívar y se analizó cuidadosamente su estado. Las conclusiones fueron:
 
    “En la estructura ósea no se encontraron restos de tuberculosis y se encontraron asombrosas coincidencias con los cálculos antropológicos. En ellos, fueron encontrados rastros de componentes tóxicos que pudieran haber acelerado la muerte, entre los que se mencionó el arsénico u elementos arsenicales como la cantaridina que formaban parte de los ingredientes de los medicamentos consumidos por el Libertador. Los tratamientos aplicados al Libertador quizás precipitaron su muerte, sin que esto excluya la posibilidad que también padeciera de tuberculosis. Los estudios continuarán realizando un engranaje de los mismos, de manera macro y microscópica de la patología forense y los resultados del ADN para tuberculosis, paludismo y derivados de intoxicación por cantaridina, así como estudios toxicológicos de arsénico, en función de definir con mayor precisión las causas del fallecimiento”.
 
¿Qué concluyó la exhumación acerca de los restos?:
 
 “Se identificó un hombre delgado y fuerte, de tronco corto, así como de pelvis y espalda estrecha, su cabello era ondulado y fino. Los restos encontrados pertenecen a un varón aproximadamente de 47 años de edad al momento de su muerte, de tipología racial mestiza con prioridad caucasoide, y con la estatura calculada en vida de 1,65 metros. También se concluyó que el Libertador era diestro y fue bien alimentado durante su infancia y adolescencia. Se encontró desgaste en los ligamentos de la cadera, lo que hace presumir largas caminatas por diferentes terrenos de manera continua. Su cráneo era alto y de contorno ovalado y alargado, y de los estudios odontológicos realizados a su dentadura, se determinó que al momento de su muerte sufría de periodontitis.”
 
No se encontró ninguna evidencia de un posible fusilamiento, envenenamiento producido u otra conclusión forense. Es decir, que la misma exhumación contradice a Mier Huffman y por lo tanto a la producción de “Libertador”. Hay numerosos artículos que analizan las condiciones de la muerte del Libertador. La exhumación confirmó los informes del doctor Reverend y los testimonios de los contemporáneos sobre la salud del Libertador. A diferencia que hoy podemos conocerlo con mucho detalle forense. Mier Hoffman podría excusarse y decir que no tenía ésta evidencia, pero ¿La producción de Libertador tiene excusa?
 
CONCLUSIÓN
 
Así nos llegó la película “Libertador”, inflándose como una gran producción sobre la vida del prócer americano. Seguiremos en nuestros caminos patrios en la turbulencia histórica y bajo el espejismo de Bolívar, por decirlo así, entre la adulación y el rencor, entre el idólatra y el detractor.
 
Quizá tenía razón uno de sus productores al llamarla la “Braveheart” del Sur. El Bolívar de “Libertador” fue como el William Wallace de Mel Gibson: Es rebelde, se quiere vengar de los invasores luego de la muerte de su esposa, une en una sola fuerza a los demás caudillos regionales, pelea una sangrienta batalla final al frente de su pueblo-ejército y muere gritando ¡Disparen!, en vez de ¡Libertad! O quizás fue una producción parecida a Noé (2014): Grandes fortalezas visuales, pero un pobre guión mal construido.
 
 
 
La existencia de Simón Bolívar dejó una huella imborrable en la historia de Venezuela.  Aún hoy, 184 años después de su muerte, se continúa discutiendo en todos los rincones del país, cuestiones relativas a su persona. Más sobre su persona que de su ideal. Unos tantos se han convertido en feligreses celosos de su culto, y otros, más tontos, en detractores de su pensamiento, creyendo que así se libran de los males de los primeros.
 
El venezolano promedio desconoce las ideas de Simón Bolívar, o cualquier otro prócer, su opinión sobre la economía, la política, la libre expresión, las libertades civiles, individuales y del hombre, las relaciones exteriores; o la educación. Solo hay pinceladas, esbozos creados por la sociedad, estereotipos por una precaria educación y por el caletre vitoreado por algún parlanchín gobernante. Es casi un santo, materia prima de un sincretismo popular, un patrimonio de nombre del que se desconoce su propia oposición. Contrario a esta situación, por el bien de Venezuela, el Bolívar ‘hombre’ debería dejar de alimentarse, dejarse en el panteón, lejos de todo culto, para que así puedan resurgir a la vida sus ideas, apagadas y deformadas tras el megáfono del aprovechador. Que sean sus ideas reales las que ocupen las cátedras republicanas de las escuelas y las líneas de los objetivos nacionales, juntos, por supuesto, a otros precursores y constructores de nuestra nación venezolana. 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
- (1) BLANCO-FOMONA, Rufino. Mocedades de Bolívar. Monte Avila Editores
 
- (2),(3),(4),(9),(31) LECUNA, Vicente. Catálogo de errores y calumnias en la historia de Simón Bolívar”
 
- (5),(6),(20),(24),(36),(39) BOLÍVAR, Simón. Escritos del Libertador. Sociedad Bolivariana de Venezuela
 
- (7),(10),(18),(21),(25),(29),(32),(33),(34),(38),(43),(44),(46),(47) POLANCO ALCÁNTARA, Tomás. Bolívar: Una interpretación biográfica a través de sus documentos. Ediciones de la Universidad de los Andes.
 
- (8),(11),(15),(37),(41) MIJARES, Augusto. El Libertador. Ediciones de la Presidencia de la República
 
- (12),(13),(14),(27),(28) LIÉVANO AGUIRRE, Indalécio. Bolívar.
 
- (16),(30) PAREDES, Pedro José. Los Pasos del Libertador. Ediciones Patripep
 
- (17),(22),(23),(26),(42) MASUR, Gerar. Bolívar.
 
- (19) O’LEARY, Daniel Florencio. Memorias
 
- (35) ZUBIETA, Pedro. Apuntaciones sobre las misiones diplomáticas de Colombia
 
- (40) MOSQUERA, Joaquín. Memorias
 

- (45) CELLI, Blas Bruni. Enfermedad y muerte del Libertador. Revista de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (SVHM)
 
 
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